Brasil necesita gas competitivo y Vaca Muerta quiere ganar ese lugar. Pero para que la integración energética entre ambos países deje de ser promesa, harán falta obras, reglas claras y contratos de largo plazo.
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La integración energética entre Argentina y Brasil empieza a entrar en una fase más concreta. El potencial de Vaca Muerta ya no aparece solo como una promesa de abastecimiento interno o de exportación futura: ahora gana lugar en una discusión regional más amplia, atravesada por la demanda brasileña de gas, la necesidad de seguridad energética y los desafíos todavía pendientes en materia de infraestructura, regulación y precios.
Una oportunidad regional que ya no depende solo del recurso
Ese fue el eje que atravesó el encuentro sectorial de energía realizado como antesala del CAMBRAS Business Day 2026, donde funcionarios, ejecutivos y especialistas coincidieron en un punto central: existe una oportunidad real para que el gas argentino gane espacio en Brasil, pero el salto de escala dependerá de la capacidad de transformar afinidades políticas y potencial geológico en condiciones operativas estables.
Durante la apertura, la directora ejecutiva de CAMBRAS, Analía Canale, dejó planteado ese enfoque con claridad. “No es casual que hayamos empezando este evento con el tema de la energía”, señaló, y remarcó que la demanda de gas de Brasil junto con “la posibilidad y potencialidad de Vaca Muerta de ofrecer gas al mundo” representan “una oportunidad de calidad” que hoy exige desarrollo de infraestructura, mayor solidez contractual y articulación público-privada.
Además del interés empresario, la agenda ya tiene respaldo institucional. En noviembre de 2024, el Ministerio de Minas y Energía de Brasil firmó un Memorando de Entendimiento con Argentina para viabilizar la importación de gas natural, con foco en Vaca Muerta y una proyección de crecimiento gradual de volúmenes hacia 2030. Esa definición oficial marcó un paso importante para una agenda que desde entonces empezó a ganar densidad técnica y comercial.
Un vínculo bilateral con complementariedades y obstáculos
Uno de los ejes más repetidos del encuentro fue que la integración energética entre Argentina y Brasil no parte de cero, pero sí enfrenta obstáculos estructurales. Igor Goulart, responsable de energía, agricultura y minería de la Embajada de Brasil en Buenos Aires, sostuvo que la relación bilateral es “compleja, pero es algo bueno”, justamente porque involucra distintas dimensiones económicas y estratégicas.
En esa línea, Goulart definió el vínculo como una relación de “gana-gana”. Según planteó, Brasil cuenta con una demanda creciente, sobre todo de “gas de buena calidad”, mientras que Argentina dispone del potencial de Vaca Muerta y Bolivia conserva infraestructura clave de exportación. “Con estas fuentes Brasil puede convertirse en una potencia energética, y Argentina puede aprovechar para tener recursos de exportaciones”, afirmó.
El funcionario brasileño también resumió tres desafíos centrales para que la integración avance a mayor escala. El primero es el marco regulatorio, porque ambos países trabajan con modelos distintos. El segundo es el precio, ya que “cuando estén las condiciones concretas de mercado la tendencia es que bajen” y Brasil necesita valores competitivos para ampliar consumo industrial. El tercero es la infraestructura: “Bolivia ya lo tiene resuelto con el Gasbol, pero Argentina necesita la ampliación del Gasoducto Perito Moreno”.
Ese diagnóstico coincide con estudios técnicos recientes de la Empresa de Pesquisa Energética de Brasil, que advierten que para exportar gas de Vaca Muerta a Brasil todavía son necesarios inversiones y adecuaciones en la red de gasoductos del lado argentino.

Del potencial del recurso a la competitividad del gas
Fernando Montera, gerente de Regulaciones de Distribución y Transporte del Instituto de Petróleo de Brasil, reforzó la idea de que la oportunidad existe, pero necesita organización efectiva entre los tres países involucrados en la ruta. “Brasil ya tiene la infraestructura para importar desde Bolivia, pero hay que mejorar el sistema desde Argentina. Son tres países diferentes que se necesitan organizar y garantizar la importación”, sostuvo.
Montera además dejó planteado uno de los puntos más sensibles para el desarrollo del negocio: “El gas que finalmente llega a Brasil tiene que ser competitivo”. La frase resume una preocupación central del mercado brasileño: no alcanza con que exista oferta disponible, sino que el precio total, sumado al transporte y a las condiciones regulatorias, permita sostener demanda a gran escala.
Desde el plano jurídico y regulatorio, Agustín Siboldi, socio del estudio O’Farrell, señaló que el desafío pasa también por recuperar previsibilidad. “Tenemos que reconstruir la confianza”, afirmó, al recordar que en el pasado hubo proyectos de hidrocarburos donde se priorizó el abastecimiento interno por encima de compromisos de exportación. Según explicó, los cambios normativos recientes dieron una base más firme para avanzar en colocación de producción y exportación por gasoducto o en formato licuado.
Siboldi además amplió el marco de análisis: “La posibilidad de cooperación entre Brasil y Argentina excede largamente al gas”. A su criterio, la agenda también puede abrir oportunidades en petróleo, electricidad, infraestructura y financiamiento, en un contexto donde la integración energética regional vuelve a ganar densidad.
TotalEnergies y la experiencia concreta de la ruta Argentina-Bolivia-Brasil
La discusión no quedó solo en el plano conceptual. Marisa Basualdo, business legal & compliance manager de TotalEnergies, recordó que su compañía ya participó de la ruta gasífera Argentina-Bolivia-Brasil como primer operador privado de gas natural con presencia en los tres países. “Nuestros equipos trabajaron de manera coordinada, pero también con cada uno de los entes regulatorios, para poder desarrollar esta ruta del gas”, explicó.
Basualdo remarcó que la convergencia regulatoria es “clave para poder escalar las operaciones” y sostuvo que la competitividad del gas argentino no depende solamente del precio de la molécula. También entran en juego “la coordinación operativa, la convergencia regulatoria y los acuerdos de largo plazo”.
En su intervención, identificó con claridad los componentes necesarios para dar un salto de escala: armonización regulatoria y fiscal, costos de transporte en los tres países, coordinación operativa, permisos de exportación de largo plazo y expansión o reversión de infraestructura para que el suministro no dependa de contingencias diarias. Su conclusión fue que todo eso permitiría “cambiar el chip para pasar del corto al largo plazo, con una demanda confiable y permanente”.
Ese planteo se alinea con la validación oficial del gobierno brasileño, que destaca que el acuerdo de paso por Bolivia permitió la primera importación de gas argentino en Brasil en abril de 2025.
Brasil necesita seguridad energética y sigue ampliando su sistema
Otro de los puntos fuertes del encuentro fue la mirada brasileña sobre seguridad de suministro. Rodrigo Senne, presidente de Âmbar Energía, describió a Brasil como un país con alta dependencia de renovables, pero insistió en que el sistema necesita fuentes firmes para cubrir momentos críticos. “Cuando falta energía en horario pico, cuando falta la hidroeléctrica, la solución es el gas natural”, afirmó. Y agregó que las centrales térmicas funcionan “como un seguro eléctrico del mercado de Brasil”.
Senne también alertó sobre la necesidad de políticas públicas y mecanismos de mercado que permitan responder a nuevas demandas, incluidas las vinculadas a consumos intensivos de energía como los data centers. Según sostuvo, Brasil necesita más subastas energéticas, más previsibilidad y una mayor articulación entre sector público y privado para no perder competitividad frente a otros mercados.
Ese razonamiento se inscribe en un contexto de expansión real de la infraestructura brasileña. En marzo de 2026, el país adjudicó los cinco lotes del Leilão de Transmissão 1/2026, con inversiones estimadas en R$ 3,3 mil millones para 798 kilómetros de nuevas instalaciones y ampliaciones de capacidad.
A la vez, conviene precisar un dato que suele aparecer de forma simplificada en los debates. Brasil mantiene una participación muy alta de renovables, pero no debe confundirse la matriz eléctrica con la matriz energética total. La Empresa de Pesquisa Energética informó que las renovables representaron 88,2% de la matriz eléctrica en 2024, mientras que en la matriz energética total la participación fue de 50%. Esa diferencia ayuda a entender por qué el gas natural sigue siendo visto como respaldo estratégico.
Vaca Muerta como oportunidad regional, pero con tareas pendientes
En conjunto, las intervenciones dejaron una idea clara: la integración energética entre Argentina y Brasil avanza sobre una base concreta, pero todavía requiere decisiones operativas, regulatorias y de infraestructura para convertirse en un flujo sostenido de negocios.
El Memorando firmado en 2024, la primera importación vía Bolivia en 2025 y los estudios sobre expansión de redes muestran que la agenda dejó de ser retórica. Pero el paso decisivo todavía está por delante: transformar el potencial de Vaca Muerta en un esquema estable de abastecimiento regional, con precios competitivos y contratos de largo plazo.
Dicho de otro modo, la oportunidad existe y ya fue identificada por diplomáticos, técnicos y empresas. Lo que falta no es diagnóstico, sino capacidad de coordinación para que la integración energética entre Argentina y Brasil pase del potencial al sistema.
Fuentes: CAMBRAS; Ministerio de Minas y Energía de Brasil; Empresa de Pesquisa Energética (EPE) de Brasil.






