Por Diego Bercholc, GlobalPorts//
El más reciente informe del Banco Mundial sobre los mercados de productos básicos (Commodity Markets Outlook, abril 2025) plantea un escenario desafiante para el desarrollo energético en países productores como Argentina. En particular, las previsiones de caída sostenida en los precios internacionales del petróleo y el gas obligan a repensar los márgenes de rentabilidad, las estrategias de inversión y el papel de Vaca Muerta en la agenda energética nacional.
Lejos del optimismo que dominaba hace apenas un año, el nuevo contexto impone cautela: el Banco Mundial proyecta que el precio del crudo Brent caerá a un promedio de 64 dólares por barril en 2025 y a 60 en 2026, lo que supone una disminución del 21% interanual y una presión directa sobre las iniciativas de producción no convencional.
Una advertencia directa para los proyectos de alto costo
“El precio del WTI probablemente estará por debajo de los niveles rentables para nuevos proyectos de perforación”, señala el informe, en una frase que resuena especialmente en los pasillos de las operadoras que trabajan en la formación neuquina. El fracking, con sus altos requerimientos tecnológicos y logísticos, exige un entorno de precios mucho más robusto para sostenerse en el tiempo.
Además, se prevé un descenso generalizado del índice de precios de la energía del 17% en 2025 y del 6% en 2026, una caída que no afecta únicamente al petróleo, sino también al gas natural y al carbón.
Una economía global que pisa el freno… y arrastra al mercado energético
La raíz del problema no está en la oferta, sino en la demanda. El informe advierte que “los precios de los commodities caerán un 12% en 2025 y un 5% adicional en 2026, alcanzando un mínimo de seis años” como consecuencia del estancamiento del crecimiento mundial, el debilitamiento del comercio y las tensiones geopolíticas.
En ese contexto, el impacto en países exportadores como Argentina será notable. “Los exportadores de energía enfrentarán un deterioro pronunciado en sus términos de intercambio, lo que puede traducirse en caídas de ingresos fiscales, restricciones presupuestarias y una mayor vulnerabilidad financiera”, sostiene el organismo, remarcando que los riesgos están más latentes en aquellos con mayores costos marginales de producción.
¿El mercado se enfría o cambia de forma?
No se trata solo de una desaceleración cíclica. El informe advierte sobre tendencias estructurales que afectan la demanda energética a mediano y largo plazo. Una de ellas es el avance de la electromovilidad: más del 40% de los autos nuevos vendidos en China durante 2024 fueron eléctricos o híbridos, casi tres veces más que en 2021. Este fenómeno está reduciendo de manera sostenida la intensidad petrolera de la actividad económica global.
Además, el informe reconoce una nueva etapa de alta volatilidad estructural en los precios de las materias primas. A diferencia de los ciclos anteriores, hoy las subas y bajas son más cortas, más pronunciadas y mucho más sensibles a factores como las guerras, el clima extremo y las políticas comerciales. En ese escenario, ningún pronóstico es definitivo.
El desafío argentino: adaptarse sin renunciar al protagonismo
La advertencia del Banco Mundial es clara, pero no necesariamente pesimista. Si bien el contexto es adverso, el potencial de Vaca Muerta sigue vigente. Argentina cuenta con una de las reservas de gas no convencional más grandes del mundo y una oportunidad única para proyectarse como exportador regional. Pero eso exige decisiones de fondo: infraestructura, acuerdos laborales, reglas fiscales estables y una visión estratégica compartida entre Nación, provincias y sector privado.
Tal vez ambas cosas. Como toda crisis, esta también puede convertirse en una oportunidad. La clave estará en si Argentina elige replegarse ante la incertidumbre o si apuesta a redefinir su modelo energético con más inteligencia, previsión y consenso.







