Por Ariel Armero,
GlobalPorts
La reciente prórroga hasta 2027 del régimen de alijo en el Km 171 del Paraná Guazú no es un trámite administrativo más. Es, en los hechos, una decisión logística estratégica que devuelve previsibilidad a un nodo crítico para el abastecimiento de combustibles del país mediterráneo y, al mismo tiempo, expone una verdad incómoda: cuando un punto clave de la Via Navegable Troncal queda en zona gris normativa, toda la cadena regional tiembla.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores en Paraguay, difundieron que esta prórroga responde a una gestión realizada por este organismo que garantiza la continuidad del régimen vigente.
Desde hace décadas, el Km 171 funciona como bisagra operativa entre buques de mayor porte y barcazas tanque que remontan la Hidrovía Paraguay-Paraná hacia territorio paraguayo. Allí, el alijo no es una opción: es la condición de posibilidad del suministro.
Un antecedente que encendió alarmas
En 2025, el encuadre regulatorio del punto fue cuestionado por autoridades argentinas al advertirse que la operatoria histórica no coincidía con la zonificación prevista en normas marítimas antiguas. La discusión fue jurídica, pero el efecto fue logístico: apareció el riesgo real de interrupción.
La negociación bilateral que siguió evitó el corte, primero con prórrogas cortas y ahora con una extensión que llega hasta 2027. La señal es clara: lo que funciona en la práctica debe tener respaldo formal suficiente para no poner en jaque el abastecimiento energético de un país.
La señal uruguaya
(que no es sobre combustibles, pero sí sobre mapas logísticos)
En paralelo, Uruguay habilitó una nueva zona de alijo en Punta del Arenal Sur sobre el río Uruguay. No está destinada a combustibles —dato relevante que cambia la lectura apresurada—, pero el mensaje institucional que emite hacia la región es potente: los países están revisando y fortaleciendo sus puntos de transferencia fluvio-marítima.
Aunque no compita con el Km 171 en el segmento energético, esa decisión reordena el mapa mental de la logística regional. Muestra que existen alternativas operativas en construcción y que los nodos de alijo pasan a ser parte explícita de la planificación estratégica, no meros usos heredados por costumbre.
Lo que realmente une ambos hechos
No es el producto. Es la lógica.
- Cuando un nodo crítico queda bajo discusión normativa, los actores buscan previsibilidad.
- Cuando un país habilita nuevas zonas de transferencia, envía una señal de capacidad alternativa.
- Cuando dos países prorrogan y formalizan un punto histórico, están blindando la continuidad.
La relación entre estos movimientos no es declarativa, es logística. La Hidrovía se está leyendo cada vez más como una red de puntos sensibles donde la habilitación —o su ausencia— tiene impacto directo en comercio exterior, energía y costos.
Para Argentina, el episodio deja una lección estratégica: los nodos que sostienen cadenas críticas no pueden depender de interpretaciones reglamentarias discutibles. Deben estar plenamente integrados a la arquitectura normativa, técnica y diplomática de la Hidrovía.
Porque cuando eso no ocurre, la discusión deja de ser local y pasa a ser regional.
Más que un acuerdo: una estabilización del sistema
La prórroga del Km 171 no amplía infraestructura, no dragó un metro más de canal y no sumó una terminal. Sin embargo, mejoró la logística real de la región.
Al garantizar que el alijo continúe con respaldo bilateral hasta 2027, Paraguay asegura su abastecimiento y Argentina reafirma su rol como territorio de paso confiable para una operatoria vital.
En la Hidrovía, a veces, la infraestructura más importante es la normativa que permite que lo que ya existe siga funcionando.






