El movimiento de contenedores en los puertos de Panamá cayó 0,6% en el primer trimestre de 2026, en medio de la transición operativa en Balboa y Cristóbal.

GlobalPorts | Puertos y Logística

El movimiento de contenedores en puertos de Panamá mostró una leve caída en el inicio de 2026, en un escenario que combina señales de desaceleración con una fuerte dosis de incertidumbre institucional y geopolítica. Entre enero y marzo, el sistema portuario panameño movilizó 2.353.235 TEU, frente a los 2.368.111 TEU registrados en igual período del año anterior, lo que representa una baja de 0,6%

A primera vista, el retroceso puede parecer acotado. Y lo es. No se trata de un desplome del negocio portuario panameño, sino de una corrección moderada en uno de los principales nodos logísticos del continente. Sin embargo, el dato cobra otra dimensión cuando se lo ubica en el contexto en el que se produjo: la anulación judicial de los contratos de Panama Ports Company, la transición forzada en los puertos de Balboa y Cristóbal, y la disputa que involucra al Estado panameño, operadores internacionales y actores centrales del comercio marítimo global. 

Una baja leve, pero en un momento sensible

El dato trimestral confirma que el sistema portuario panameño perdió algo de dinamismo después de un 2025 que había cerrado con crecimiento. El año pasado, Panamá superó los 9,9 millones de TEU, con una suba de 3,6% respecto de 2024, impulsada principalmente por el trasbordo, que siguió siendo el corazón del negocio logístico del país. 

Por eso, la caída del primer trimestre de 2026 no debe leerse de manera aislada. Más que una ruptura de tendencia, parece reflejar un inicio de año atravesado por tensiones operativas y comerciales que afectan la previsibilidad del sistema. El volumen total sigue siendo elevado, pero el mercado observa con atención qué ocurre en dos terminales estratégicas para el canal y para el esquema de conectividad regional.

Balboa y Cristóbal, en el centro de la escena

La atención está puesta sobre Balboa, en el Pacífico, y Cristóbal, en el Atlántico, dos terminales históricamente operadas por Panama Ports Company, subsidiaria del grupo hongkonés CK Hutchison. A fines de enero, la Corte Suprema de Panamá anuló contratos clave vinculados a esa operación, abriendo un proceso de transición bajo control estatal y con nuevas concesiones temporales. 

Como parte de esa reorganización, el gobierno panameño aprobó concesiones transitorias de hasta 18 meses para que APM Terminals Panama opere Balboa y TIL Panama, vinculada a MSC, haga lo propio en Cristóbal. La decisión buscó garantizar continuidad operativa y evitar interrupciones en un enclave crítico para el comercio marítimo internacional. 

Pero la transición dista de ser un trámite administrativo. La salida de Hutchison derivó en arbitrajes internacionales, con reclamos que ya superan los US$ 2.000 millones, y dejó planteada una disputa que excede la cuestión contractual: se cruza con la competencia entre grandes operadores, con los intereses estratégicos de China y Estados Unidos en torno al canal, y con el posicionamiento de Panamá frente a esa puja global. 

La geopolítica también entra al muelle

En marzo, uno de los episodios que expuso la fragilidad del momento fue la suspensión de operaciones de COSCO Shipping en Balboa. Según reportó Reuters, la naviera china detuvo su actividad en esa terminal en medio de la tensión generada por el cambio de control y las disputas en torno al futuro de los puertos. El gobierno panameño reconoció que la decisión generó preocupación y expresó su expectativa de que la compañía retomara sus operaciones. 

Días más tarde, Reuters también informó que China había advertido a Maersk y MSC sobre su participación en Balboa y Cristóbal, una señal que confirma hasta qué punto el conflicto portuario panameño dejó de ser solo una cuestión local para convertirse en una pieza de una discusión estratégica mayor. 

En ese marco, la baja del movimiento de contenedores en el primer trimestre puede interpretarse como una primera señal de enfriamiento en un sistema que sigue siendo robusto, pero que opera bajo presión. No hay evidencia pública concluyente para afirmar que toda la caída se explique por la transición de Balboa y Cristóbal, pero sí hay elementos suficientes para sostener que la incertidumbre regulatoria, empresarial y geopolítica afecta el clima de negocios y puede influir en decisiones logísticas relevantes. 

Más que un dato estadístico, una señal para la región

Para América Latina, lo que ocurre en Panamá importa mucho más que por su propio volumen. El país funciona como un hub logístico central para el trasbordo, la redistribución de cargas y la articulación de servicios marítimos entre costas, mercados y rutas interoceánicas. Por eso, cualquier ruido en sus terminales principales excede el plano doméstico y repercute sobre cadenas logísticas más amplias.

Desde esa perspectiva, el retroceso trimestral no debería leerse solo como una variación estadística. También puede ser una advertencia. Panamá conserva escala, infraestructura y centralidad, pero la estabilidad institucional y la previsibilidad operativa siguen siendo activos tan importantes como el calado, las grúas o la posición geográfica. Cuando esas variables se tensionan, incluso los grandes hubs empiezan a reflejarlo en sus números.

Un hub que sigue fuerte, pero más expuesto

El dato del primer trimestre no cambia por sí solo el mapa logístico regional. Panamá sigue ocupando un lugar privilegiado en el comercio marítimo hemisférico. Pero sí muestra que incluso los sistemas más consolidados pueden resentirse cuando el entorno se vuelve incierto.

La caída de 0,6% en el movimiento de contenedores aparece así como una baja moderada en términos cuantitativos, pero significativa en términos cualitativos. Ocurre justo cuando el país redefine el control de dos terminales estratégicas y cuando las disputas comerciales y geopolíticas dejan de ser una discusión abstracta para empezar a rozar la operatoria real. En un negocio donde la confianza, la continuidad y la previsibilidad pesan tanto como la infraestructura, ese es un dato que el sector no debería subestimar.

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