En junio, la Argentina despachó 688 mil toneladas de aceite de soja y 228 mil toneladas de aceite de girasol, un volumen inédito. El dato refuerza la posición del país como proveedor mundial de aceites vegetales, en un mercado internacional con oferta ajustada.
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El salto exportador de junio no es un hecho aislado, sino la expresión más reciente de una tendencia que viene consolidándose durante todo 2026. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el aceite de soja acumula 3,6 millones de toneladas exportadas, el tercer mejor arranque de la historia.
El aceite de girasol, en tanto, alcanza 1,2 millones de toneladas, el mayor volumen jamás registrado para este período. Con las proyecciones de julio incluidas, el total de aceites vegetales embarcados superaría las 4,7 millones de toneladas, estableciendo un nuevo récord para el país.
Un vacío que el Mar Negro no logra cubrir
Detrás de estos números hay un reacomodamiento de la oferta mundial. Ucrania sufrió la peor cosecha de girasol de la última década. Además, la industrialización del cultivo en la región del Mar Negro cayó a su nivel más bajo desde la campaña 2021/22.
Ese vacío abrió un espacio que la Argentina, con disponibilidad elevada de materia prima, aprovechó para ganar terreno como abastecedor alternativo. Ese desplazamiento del origen exportador es, en rigor, el corazón de la historia. No se trata solo de que la Argentina venda más, sino de que ocupa un lugar que otro proveedor históricamente relevante dejó vacante.
Precios en máximos y demanda sostenida
El contexto de precios acompaña ese posicionamiento. El aceite de girasol argentino promedió US$1.290 por tonelada durante el año y llegó recientemente a US$1.330, el valor más alto de 2026.
El aceite de soja, en tanto, promedió cerca de US$1.160 por tonelada, el nivel más elevado desde 2022. La combinación de mayor volumen exportado y mejores precios relativos potencia el ingreso de divisas por esta vía. Otros segmentos del complejo oleaginoso, como la harina de soja, muestran en cambio un desempeño más moderado este año.
El Up River, motor logístico del salto exportador
Buena parte de estos embarques sale por las terminales del corredor Up River, entre Rosario, San Lorenzo y San Martín. Se trata del complejo agroindustrial y portuario más importante del país para la molienda y exportación de oleaginosas. Ese cluster integrado —con plantas de crushing conectadas directamente a sus propios muelles sobre el río Paraná— es clave para esta historia.
Es lo que permite traducir en embarques concretos un salto de demanda como el que generó la retracción de Ucrania y el Mar Negro. La escala y la integración industrial-portuaria de la región siguen siendo un activo estratégico. Ese activo ayuda a sostener a la Argentina como proveedor confiable en un mercado mundial que hoy necesita orígenes alternativos.
La escalada de precios se profundiza en agosto
Los datos más recientes confirman que la tendencia se profundizó en agosto. La Bolsa de Comercio de Rosario reportó valores CIF Rotterdam de US$1.475 por tonelada para el aceite de girasol en agosto de 2026.
Ese valor supera ampliamente los US$1.330 registrados como máximo en julio. El salto reafirma que Argentina sostiene su ventaja de precios como proveedor mundial de aceites vegetales, más allá del cierre de junio.
Qué puede pasar de acá en adelante
El horizonte inmediato incluye señales que podrían moderar este ciclo. Rusia y Ucrania proyectan una recuperación del 18% en la producción de girasol para la nueva campaña. Esa mayor oferta devolvería volumen al mercado del Mar Negro y podría atemperar los precios internacionales. A la vez, del lado local hay un incentivo adicional a mediano plazo.
Desde enero de 2027 comenzará a regir un cronograma de reducción de los derechos de exportación del 4,5%. Esos derechos hoy pesan sobre la semilla y el aceite crudo de girasol. Esa baja podría mejorar aún más la ecuación económica del sector. Mientras tanto, la ventana de oportunidad que dejó abierta la crisis productiva en el Mar Negro sigue vigente. Para la Argentina, ese es el factor que explica por qué junio quedó como un mes de récord.







