El Consejo Portuario Bonaerense aprobó descuentos de tasa y prioridad de atraque para embarcaciones con bandera nacional. La medida da por sentada una flota que, en los hechos, se redujo a un puñado de unidades concentradas casi todas en el transporte de hidrocarburos.
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El gobernador Axel Kicillof presidió este martes en La Plata la primera reunión del Consejo Portuario Bonaerense y anunció, ante los referentes del sector reunidos en el Pasaje Dardo Rocha, un paquete de descuentos de tasa portuaria y prioridad de atraque para los buques que naveguen con pabellón argentino.
La medida busca revertir una tendencia de décadas: la salida sostenida de la bandera nacional del tráfico marítimo, tanto de ultramar como de cabotaje.

El anuncio, sin embargo, deja una pregunta abierta para cualquiera que siga de cerca el negocio naviero: ¿cuántos buques hay realmente en condiciones de aprovechar el beneficio?. La cifra exacta es motivo de discusión incluso dentro del propio sector. No existe un registro público y actualizado que los concilie, pero el diagnóstico cualitativo es unánime: la flota de bandera argentina se redujo a una fracción mínima de lo que supo tener el país, y lo que queda está lejos de repartirse parejo entre rubros.
El grueso son tanqueros que trasiegan combustibles y crudo entre los puntos de extracción patagónicos, las destilerías del litoral y las terminales de distribución, más un puñado de portacontenedores que sostienen el abastecimiento de Tierra del Fuego. De transporte de cargas secas de ultramar bajo pabellón nacional, prácticamente no queda nada.
Cinco beneficios, un padrón acotado
El paquete que aprobó el Consejo tiene varias capas, pensadas para sumarse entre sí:
- Prioridad de giro. Los buques de bandera nacional acceden primero al atraque frente a embarcaciones de otro pabellón, siempre que estén en igualdad de condiciones náuticas y operativas.
- Descuento de tasa por bandera. Una rebaja directa para toda embarcación que opere con pabellón argentino, sin condición adicional.
- Descuento adicional por reparación en astillero bonaerense. Se suma para los buques que hicieron su última reparación, dentro de los últimos doce meses, en un astillero de la provincia.
- Bono por frecuencia de escalas. Otra rebaja para los buques de bandera nacional que aumenten sus arribos respecto del promedio de los dos años anteriores.
- Extra en Puerto Rosales. Ese puerto sumará un 5% adicional de descuento en la tasa de uso si la embarcación contrata trabajo local.
La ventana de vigencia es de 18 meses y cada administración portuaria decidirá cómo aplicar los beneficios según sus propias necesidades operativas.
¿A quién le cambia el cálculo?
Leído en conjunto, el esquema parece diseñado tanto para sostener actividad en los astilleros bonaerenses —reparación y mantenimiento— como para dar una señal a los pocos armadores que todavía mantienen buques con pabellón argentino. Y ahí es donde el incentivo se vuelve, en los hechos, más sectorial de lo que sugiere el anuncio: si la bandera nacional vive hoy sobre todo en el tráfico interno de hidrocarburos, son los operadores petroleros y las navieras que les prestan servicio quienes están mejor posicionados para capturar el beneficio, no un universo amplio y diverso de transportistas marítimos.
Kicillof enmarcó el anuncio como parte de una política de más largo aliento: «Realizamos una inversión histórica, acompañamos a los consorcios con créditos del Banco Provincia, retiramos buques abandonados, modernizamos y digitalizamos los puertos, y sumamos equipamiento y sistemas tecnológicos», dijo ante el nuevo Consejo. El subsecretario de Asuntos Portuarios, Juan Cruz Lucero, fue más específico sobre el objetivo: los incentivos buscan «recuperar participación de la bandera nacional, fortalecer trabajo local y generar mayor actividad en los astilleros bonaerenses».

Una apuesta de bajo costo fiscal
Para la administración portuaria provincial, el cálculo político tiene sentido incluso si el padrón de beneficiarios es chico: son descuentos de tasa, no subsidios directos, y el costo fiscal de aplicarlos es acotado precisamente porque hay pocos buques para aplicarlos.
La pregunta que queda para el sector es otra: si el objetivo de fondo es que la bandera argentina vuelva a tener peso en el tráfico marítimo, un incentivo de tasas en los puertos bonaerenses difícilmente alcance solo, mientras el resto de las variables que empujaron a los armadores a abanderar afuera —costos laborales, cargas impositivas, competitividad frente a los registros de conveniencia— sigan sin moverse.







