FINA y ABIN conmemoraron el Día de la Industria Naval Argentina con un comunicado en el que piden condiciones para competir con el mundo, no protección para sobrevivir. 

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En el marco del Día de la Industria Naval Argentina, que se conmemora cada 12 de septiembre, las principales cámaras empresariales del sector emitieron un documento estratégico rotundo. A través de una declaración conjunta titulada “Proa al futuro”, la Federación de la Industria Naval Argentina (FINA) y la Asociación Bonaerense de la Industria Naval (ABIN) marcaron un quiebre en la postura histórica de la actividad. 

Las entidades afirmaron que la industria naval argentina no busca refugiarse en esquemas de asistencia estatal, sino consolidar reglas equitativas que le permitan disputar mercados internacionales de igual a igual.

Marcelo Domínguez, presidente de ABIN y Marcos De Monte, presidente de la FINA

Industria naval argentina: una capacidad estratégica que ya produce y emplea

El documento, firmado en la ciudad de Mar del Plata, propone un punto de partida basado en realidades tangibles y no en promesas a largo plazo. Los representantes del sector destacaron que el país posee un entramado tecnológico y fabril completamente operativo.

De acuerdo con el texto oficial firmado por Sandra CipollaMarcelo DomínguezPablo Noel y Marcos De Monte, la industria naval argentina cuenta con un valor instalado clave:

La Argentina cuenta hoy con una industria naval que produce, emplea, invierte y posee capacidades industriales y tecnológicas que deben formar parte de una estrategia nacional de desarrollo. No partimos de una aspiración futura. Es una capacidad que ya existe”.

Este bloque productivo moviliza una extensa cadena de valor federal que abarca desde astilleros y talleres metalmecánicos hasta desarrolladores de software y proveedores de automatización.

Cada barco que se construye, repara o moderniza moviliza industria nacional, genera trabajo federal y conserva conocimiento en el país. Son capacidades que llevan décadas desarrollar y que, una vez perdidas, requieren años de inversión y formación para recuperarse”.

Los dirigentes explicaron que la industria naval argentina dispone de la experiencia técnica necesaria para abastecer las demandas de la pesca, el comercio fluvial, las vías navegables, los puertos, la seguridad y la defensa nacional. Sin embargo, la proyección actual del sector excede la frontera marítima tradicional.

El salto hacia la energía, la minería y el desarrollo offshore

La gran apuesta del documento radica en la capacidad de los astilleros locales para actuar como proveedores metalmecánicos. Así como de ingeniería pesada en la transición energética del país. Las destrezas aplicadas a la construcción de buques son idénticas a las requeridas por la minería y la explotación de hidrocarburos.

Al respecto, el comunicado detalla la versatilidad de sus instalaciones y operarios:

“Las capacidades de ingeniería, fabricación, metalmecánica, electricidad, automatización, montaje y servicios tecnológicos desarrolladas por el sector pueden integrarse también a las nuevas oportunidades que presenta la Argentina en energía, Oil & Gas, minería y desarrollos offshore, ampliando mercados y fortaleciendo proveedores nacionales”.

Este posicionamiento se vincula directamente con el flujo de inversiones en la Patagonia. Lugar donde obras como el megaproyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) y la construcción de la terminal marítima en Punta Colorada demandan montaje industrial complejo. Además de logística en aguas profundas. Empresas nacionales de referencia, como SPI Astilleros, ya coordinan tareas operativas dentro de estos esquemas hidrocarburíferas, compitiendo de manera directa contra proveedores extranjeros.

Competir sin privilegios: el reclamo por una cancha nivelada

El tramo más destacado del documento desarma el prejuicio generalizado de que los astilleros locales solo subsisten mediante barreras arancelarias o mercados cautivos. FINA y ABIN decidieron trasladar la discusión hacia el terreno de la competitividad estructural.

Las cámaras fijaron su postura con una definición taxativa:

La industria naval argentina quiere competir. No pedimos privilegios ni mercados cautivos. Necesitamos condiciones impositivas, laborales, regulatorias, financieras y logísticas que permitan producir e invertir con niveles de competitividad comparables a los de nuestros competidores internacionales”.

La meta del sector es consolidar un mercado de doble vía que fortalezca la soberanía económica y genere divisas genuinas para el país:

Argentina tiene empresas que invierten, incorporan tecnología, capacitan trabajadores y pueden abastecer el mercado nacional y competir internacionalmente. Queremos construir en el país los barcos que la Argentina necesita y competir por aquellos que necesita el mundo”.

La agenda operativa para poner proa al futuro

Para evitar que el pronunciamiento quede reducido a un discurso efímero por el Día de la Industria Naval, las conducciones de FINA y ABIN trazaron cinco ejes de trabajo urgentes. Esta hoja de ruta exige una articulación orgánica entre el sector privado, el sector académico y el Estado.

Los cinco puntos fundamentales establecidos en la agenda sectorial son [cite: 1]:

  • Mejora de la competitividad: Adecuar las variables tributarias, laborales y de costos logísticos para eliminar las asimetrías con el exterior.
  • Financiamiento de largo plazo: Diseñar herramientas financieras acordes a los extensos tiempos de maduración y entrega de los proyectos navales.
  • Renovación de flotas: Modernizar y actualizar las flotas comerciales, pesqueras y de apoyo que operan bajo bandera nacional.
  • Desarrollo de proveedores: Potenciar y expandir la red de pequeñas y medianas empresas metalmecánicas y tecnológicas que abastecen a las gradas.
  • Formación de capital humano: Sostener el vínculo directo con las universidades y los centros de ciencia para evitar la pérdida del conocimiento técnico acumulado.

El documento cierra con una declaración de principios que redefine el rol histórico de los astilleros en el desarrollo económico contemporáneo: “Este 12 de septiembre no queremos solamente celebrar nuestra historia. Queremos poner las capacidades que la industria naval argentina ya tiene al servicio de las nuevas oportunidades productivas del país. Porque la industria naval es mucho más que construir barcos. Es producción. Es empleo. Es conocimiento. Es tecnología. Es capacidad industrial argentina. Es poner proa al futuro”.

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