Bunge cierra una promesa de diez años y asegura que ya puede decir de qué campo salió cada tonelada de soja que compra en la Argentina, Brasil y Paraguay. Lo que el reporte global todavía no explica es qué pasa con ese dato una vez que el grano sube a un camión rumbo al puerto.

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Ejecutivos globales de PepsiCo recorrieron en septiembre la planta de Timbúes, sobre el Paraná, una de las mayores moliendas de soja del mundo, para ver de cerca cómo Bunge Argentina produce el aceite trazable que le provee a la compañía de consumo masivo.

La visita incluyó lotes de soja y girasol certificados, la materia prima de esos aceites. No fue una recorrida protocolar: llegó pocos días después de que Bunge publicara su Reporte de Sustentabilidad Global 2026, el documento que sostiene que ya no hace falta mostrar un lote puntual para probar el origen de un embarque — la compañía dice tener esa trazabilidad resuelta para toda su cadena sudamericana.

Una promesa de diez años cumplida

El hito central del reporte es el 100% de monitoreo y trazabilidad hasta el campo, tanto en compras directas como indirectas, para la soja de las regiones prioritarias de Argentina, Brasil y Paraguay. El dato tiene historia: el reporte anterior, correspondiente a 2024, hablaba de 100% en compras directas pero solo 99% al sumar las indirectas, el tramo que pasa por acopiadores y revendedores antes de llegar a Bunge. Cerrar ese último punto porcentual es, en los propios términos de la compañía, el final de un compromiso asumido hace una década para construir cadenas libres de deforestación.

El instrumento detrás de ese salto es el Programa de Asociación Sustentable, que nació en Brasil y ya opera también en la Argentina y Paraguay. La lógica es transferir a los acopiadores y cooperativas locales las mismas herramientas geoespaciales que usa Bunge: sensores remotos, inteligencia artificial y análisis satelital de los campos, combinados con la información que aportan los propios proveedores.

En la Argentina, las regiones que el reporte marca como prioritarias por riesgo de deforestación son Chaco, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy — la misma clasificación se extiende al Cerrado y el MATOPIBA en Brasil y al Chaco paraguayo.

El otro número fuerte: menos emisiones

Junto con la trazabilidad, el reporte trae el otro dato que más repercutió entre analistas del sector: Bunge redujo un 19,4% sus emisiones directas de gases de efecto invernadero (alcance 1 y 2) y un 12,1% las de su cadena de suministro (alcance 3), ambas comparadas contra su línea de base de 2020. La compañía dice estar en línea con sus metas climáticas validadas por el SBTi para 2030.

El reporte trae, además, otra serie de indicadores que conviene mirar en conjunto:

  • Aceite de palma: la trazabilidad global hasta planta llegó al 96% (97% hasta molino) durante 2025, y ya subió a 99,2% hasta plantación en el primer trimestre de 2026, apoyada en AceTrack, una plataforma que cruza tecnología ArcGIS de Esri con alertas satelitales e imágenes históricas.
  • Combustibles renovables: Bunge cumplió el primer año de su alianza con Repsol en España, orientada a diésel renovable y combustible de aviación sostenible a partir de cultivos como camelina y cártamo.
  • SAF con soja brasileña: junto con Petrobras y Vibra, Bunge produjo el primer combustible de aviación sostenible elaborado con soja certificada bajo el protocolo ISCC CORSIA PLUS Low-LUC Risk, con una reducción de emisiones estimada en un 70% frente al combustible tradicional.
  • Comunidades: la empresa destinó US$ 7 millones a programas de seguridad alimentaria y educación en distintos países donde opera.

El contexto que explica el tamaño del reporte

Este es, además, el primer reporte de sustentabilidad que Bunge publica tras completar la fusión con Viterra en julio de 2025. La compañía combinada opera hoy en más de 50 países con unos 34.000 empleados, entre plantas de procesamiento, elevadores de granos y terminales portuarias — una escala que ayuda a entender por qué la trazabilidad dejó de ser un capítulo aislado del reporte y pasó a ser, junto con las emisiones, uno de los dos ejes que organizan todo el documento.

Por ahora, el reporte deja instalada una asimetría que probablemente marque la agenda de los próximos meses: Bunge puede mostrar de qué campo salió la soja que compra, pero todavía no publica qué terminal argentina, ni qué buque, cargó esa soja ya trazada.

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