Desde este 22 de julio, el arancel de EE.UU. a Brasil aplica un 25% adicional a productos como maquinaria, etanol, calzado, indumentaria y madera. La medida, dispuesta bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, expone entre US$ 7.000 y US$ 11.000 millones de exportaciones brasileñas. Esa cifra equivale a entre el 18% y el 26% del total exportado por Brasil a Estados Unidos, según estimaciones oficiales y de la CNI.

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El nuevo esquema llega en un contexto de comercio bilateral ya debilitado entre ambos países. En el primer semestre del año, las exportaciones brasileñas a Estados Unidos cayeron un 13% interanual. Esa baja de US$ 2.600 millones estuvo impulsada por la caída en productos siderúrgicos, aceites derivados del petróleo y celulosa. El nuevo arancel se suma ahora a esa tendencia declinante en el comercio bilateral.

El mecanismo detrás de la medida

La decisión fue anunciada el 15 de julio por el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. Llegó tras una investigación de un año bajo la Sección 301, que habilita a Washington a actuar contra prácticas comerciales que considera desleales. El caso de Brasil es el primero en aplicarse bajo esta estrategia renovada. La Corte Suprema estadounidense había invalidado a comienzos de año la potestad del Ejecutivo para imponer aranceles globales por poderes de emergencia.

Según la USTR, la investigación determinó que varias políticas brasileñas restringen de forma injustificada el comercio de Estados Unidos. Entre ellas figuran el comercio digital y los pagos electrónicos, las tarifas preferenciales, las normas anticorrupción, la propiedad intelectual, el acceso al etanol y la deforestación ilegal. Greer sostuvo que la medida busca «garantizar que trabajadores y empresas estadounidenses puedan competir en igualdad de condiciones».

El listado de exenciones se amplió en la etapa final de la negociación y resultó más extenso de lo previsto. Incluye carne vacuna, café, jugo de naranja, nueces de Brasil, tierras raras, productos energéticos y aeronaves civiles con sus partes. En total suma más de 1.600 posiciones arancelarias exentas del nuevo gravamen. Aun así, sectores como maquinaria, muebles, calzado y madera quedaron dentro del alcance del arancel.

La posición de Brasil

El Gobierno brasileño rechazó la legitimidad del mecanismo por no tener respaldo en las reglas multilaterales de comercio. Según estadísticas del propio Departamento de Comercio estadounidense, Estados Unidos acumuló en los últimos 15 años un superávit de US$ 424.500 millones con Brasil.

El Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios (MDIC) respondió punto por punto a cada uno de los seis ejes de la investigación. Además anunció que activará la Ley de Reciprocidad Económica y Comercial. También retomará el reclamo ante el mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio.

El ministro de Comercio brasileño, Marcio Elias Rosa, advirtió sobre una incertidumbre adicional. Una investigación paralela sobre trabajo forzoso vence el 24 de julio y podría sumar un 12,5% más. Ese incremento llevaría el arancel total sobre algunos productos hasta el 37,5%.

Impacto en la cadena logística y el comercio exterior regional

Para la cadena de comercio exterior, la medida trae cambios operativos concretos. Actualizaciones de operadores logísticos como DSV señalan que Washington endureció en paralelo los requisitos para los importadores de registro (IOR). Ahora exige mayores garantías, más activos domésticos y mejor trazabilidad de la cadena de custodia. También estableció un piso mínimo de sanciones del 50% para infracciones aduaneras.

Estos cambios afectan directamente a los operadores que gestionan el ingreso de mercadería brasileña a Estados Unidos. Incluye a quienes trabajan con cargas en tránsito, para las cuales rige una ventana de gracia limitada hasta el 29 de julio.

Para los puertos y terminales del Cono Sur, el reacomodamiento del comercio bilateral puede tener efectos concretos. Entre las dos mayores economías del hemisferio occidental, puede traducirse en redireccionamiento de cargas y ajustes en rutas navieras. También puede generar mayor presión sobre mercados alternativos para los productos brasileños afectados, en especial madera, calzado y maquinaria. La región seguirá de cerca si Brasil profundiza la diversificación de sus destinos de exportación. Ese mercado estadounidense se vuelve, al menos en el corto plazo, más restrictivo para varios sectores brasileños.

La definición sobre la investigación por trabajo forzoso, prevista para el 24 de julio, será la próxima señal clave. Esa resolución ayudará a dimensionar el alcance final de esta nueva etapa de tensión comercial entre Washington y Brasilia.

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