El Gobierno extendió la concesión del corredor ferroviario Rosario–Bahía Blanca a Ferroexpreso Pampeano y abre un proceso para definir el futuro modelo de explotación privada.
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Operación garantizada
El corredor ferroviario Rosario–Bahía Blanca tendrá operación garantizada al menos hasta el 30 de abril de 2027. El Ministerio de Economía formalizó mediante la Resolución 549/2026 la extensión del contrato a Ferroexpreso Pampeano, controlada por el grupo Techint, que continúa al frente de la traza en un esquema precario y revocable. La medida fue publicada en el Boletín Oficial y se enmarca en la emergencia pública ferroviaria vigente hasta 2028.
La decisión no sorprende a quienes siguen el historial de este corredor: es la última de una serie de prórrogas que se acumula desde 2021, cuando el contrato original estaba técnicamente vencido y el Estado comenzó a extender los plazos en forma transitoria. El concurso internacional lanzado en 2022 para seleccionar un nuevo operador quedó desierto, y desde entonces la situación contractual nunca encontró una solución definitiva.
Una traza que no puede parar
El corredor ferroviario Rosario–Bahía Blanca articula dos nodos portuarios de perfiles distintos: el sistema fluvial del Paraná —donde se concentra el grueso de la agroexportación argentina— y el puerto de aguas profundas de Bahía Blanca. Esa complementariedad lo convierte en una pieza estructural de la cadena logística nacional, especialmente en campañas agrícolas de alto volumen donde cada eslabón del transporte opera al límite de su capacidad.
El ferrocarril cumple además un rol activo en el corredor energético. La conexión con el ramal R.60, que vincula Bahía Blanca con la cuenca neuquina, lo posiciona como un eje relevante para el movimiento de insumos hacia Vaca Muerta. En ese contexto, una interrupción operativa no sería solo un problema sectorial: tendría consecuencias directas sobre la competitividad exportadora y sobre la logística del upstream energético.
Prórroga como parche, nuevo modelo como promesa
La Resolución 549/2026 no solo extiende el plazo: también dispone el inicio de un proceso para diseñar un nuevo modelo de vinculación entre el Estado y el sector privado, orientado a evaluar alternativas para la explotación del corredor ferroviario Rosario–Bahía Blanca e incorporar inversión privada y mejoras operativas.
El texto oficial reconoce que el corredor presenta problemas estructurales en infraestructura y material rodante que afectan la velocidad de circulación y los tiempos de operación. Sin embargo, la resolución no establece plazos concretos para ese proceso ni condiciones mínimas de inversión durante el período de prórroga. Ferroexpreso Pampeano continúa operando bajo las condiciones vigentes, sin que la norma introduzca nuevas obligaciones de mejora.
Esa brecha entre el diagnóstico reconocido y las herramientas previstas para resolverlo es, precisamente, la que genera interrogantes sobre la efectividad de la medida más allá de la continuidad inmediata del servicio.
Qué sigue?
El horizonte es abril de 2027, pero el verdadero desafío es estructural. El Estado deberá definir antes de ese plazo qué modelo de explotación quiere para uno de los corredores ferroviarios más estratégicos del país: si avanza hacia una concesión competitiva con compromisos de inversión, si impulsa un esquema de acceso abierto —open access— como se intentó sin éxito en 2022, o si mantiene la lógica de prórrogas sucesivas que caracterizó la última década.
En un sistema exportador donde cada tonelada cuenta y donde la eficiencia logística define competitividad, la continuidad del tren aparece como una condición necesaria para sostener el flujo de cargas y evitar cuellos de botella en la salida de la producción. Lo que aún está pendiente es saber si la próxima decisión será otra extensión transitoria o un esquema con horizonte de largo plazo.








