La reciente IV Cumbre Ministerial del Foro China-CELAC, celebrada en Beijing en mayo de 2025, marca un avance importante en las relaciones entre China y América Latina.
Irene Ascoli, GlobalPorts//
La IV Cumbre Ministerial del Foro China-CELAC, celebrada en Beijing en mayo de 2025, no solo arrojó una serie de anuncios económicos, sino que reflejó un cambio más profundo en la estrategia regional de América Latina. Lejos de tratarse de un simple encuentro diplomático, el foro confirmó la creciente gravitación de China como socio estructural para buena parte de los países del continente.
China ofreció una línea de financiamiento por 66.000 millones de yuanes (aproximadamente 9.200 millones de dólares), destinada a proyectos de desarrollo en América Latina y el Caribe.
La novedad no radica solo en la magnitud del crédito, sino en su denominación: yuanes, no dólares. La intención es clara: fomentar el uso internacional de la moneda china y, con ello, reducir la dependencia del sistema financiero occidental.
En la Cumbre, también se anunció una política de exención de visado para ciudadanos de cinco países latinoamericanos, todavía no especificados, como parte de una estrategia de mayor apertura y circulación entre ambas regiones.
Acuerdos bilaterales: convergencias y cálculos
Los principales acuerdos revelan un patrón: mientras que China diversifica su acceso a recursos estratégicos, los países latinoamericanos buscan diversificar socios sin perder autonomía.
- Brasil: El presidente Luiz Inácio Lula da Silva aseguró inversiones chinas por más de 4.500 millones de dólares en sectores como energía renovable, infraestructura y tecnología. El presidente brasileño abogó por una cooperación basada en la equidad y el respeto mutuo.
- Colombia: El presidente Gustavo Petro anunció la adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, buscando diversificar las alianzas internacionales y fortalecer la infraestructura y la energía limpia en el país.
- Chile: El presidente Gabriel Boric participó activamente en la cumbre, destacando el interés en atraer inversiones chinas en sectores estratégicos como el litio y la tecnología. Chile, con una larga tradición de relaciones comerciales con China, busca profundizar esta cooperación en áreas de alto valor agregado.
Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en la década de 1970, China ha pasado de ser un actor marginal a convertirse en el segundo socio comercial de América Latina, detrás de Estados Unidos. Entre 2000 y 2024, el comercio bilateral pasó de 12.000 a más de 500.000 millones de dólares.
Actualmente, 18 países de la región participan de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y varios tienen tratados de libre comercio firmados con Beijing.
Pero más allá del comercio, lo que se consolida es una arquitectura de cooperación más compleja, con énfasis en transferencia tecnológica, energías limpias, 5G, inteligencia artificial y ciberseguridad. China ofreció también un programa de intercambio político y académico que incluirá la visita anual de 300 representantes de partidos políticos de la CELAC durante los próximos tres años.
La pregunta de fondo que atraviesa este proceso es si América Latina puede construir una relación con China que no reproduzca viejas asimetrías. El financiamiento en yuanes puede ser una herramienta para diversificar, pero también plantea riesgos si no se equilibra con una visión regional de integración productiva.
Como afirmó Lula da Silva durante el foro, “cooperar no debe significar ceder soberanía”. El desafío es aprovechar el interés de China sin caer en una dependencia de nuevo signo, apostando a la formación de capacidades locales, el fortalecimiento institucional y la consolidación de cadenas de valor integradas.
El escenario internacional actual está marcado por tensiones geopolíticas, guerras comerciales y reconfiguración de bloques. En ese contexto, el acercamiento con China representa una oportunidad real para América Latina, pero no debe ser idealizado. La verdadera integración estratégica requiere claridad de objetivos, negociaciones equilibradas y un proyecto regional propio.
La Cumbre China-CELAC 2025 fue, en definitiva, un punto de inflexión. Lo que se haga a partir de aquí dependerá tanto de las decisiones de Beijing como —y sobre todo— de la visión política de cada país latinoamericano.






