El Gobierno impulsa un proyecto de desregulación del cabotaje marítimo que habilita a buques de bandera extranjera a transportar cargas y pasajeros entre puertos argentinos. La iniciativa generó un fuerte rechazo del sector naviero nacional. Jorge Tiravassi, presidente del Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante (C.U.), advirtió en radio Mitre sobre sus riesgos. Según explicó, abre la puerta a grandes navieras extranjeras y a flotas de países vecinos, tanto en el tráfico marítimo como en el fluvial.
GlobalPorts | Puertos y Logística
Un decreto que ya fue rechazado dos veces
Tiravassi recordó que el proyecto es la reedición de una iniciativa previa del secretario de Desregulación. El decreto 340 ya había sido rechazado por el Senado y por la Cámara de Diputados, y también fue cuestionado en la Justicia. Pese a ese antecedente, el funcionario insiste con una fórmula equivalente por la vía legislativa.
Para graficar su postura, el dirigente recurrió a una metáfora: «Es como si usted se olvidara la llave de la puerta de su casa, tiene un problema y en vez de ponerse a pensar cómo recuperar esa llave, tira la pared abajo». Y agregó: «Usted va a entrar a su casa, pero atrás suyo va a entrar gente que usted no quería que entrara y se van a ir cosas que usted no quería que se fueran».
El temor por el ingreso de grandes navieras extranjeras
Uno de los puntos centrales del planteo de Tiravassi es la posibilidad de que grandes navieras internacionales se instalen en el cabotaje del Atlántico Sur. El dirigente señaló que un puñado de compañías concentra una porción mayoritaria del comercio marítimo internacional.
Esas navieras, explicó, ya dominan otras rutas globales y podrían sumar ahora el tráfico del Atlántico Sur. Para Tiravassi, eso representaría una expansión estratégica adicional en desmedro de las empresas locales.

La flota extranjera, ventaja impositiva mediante
El otro frente de preocupación es el fluvial, donde Tiravassi ubicó el problema más complejo del proyecto. El dirigente sostuvo que ciertas flotas extranjeras de la región resultan más competitivas que la argentina por una carga impositiva sensiblemente menor. Esa carga puede rondar el 10%, señaló, y genera una asimetría que perjudica a las empresas locales.
Para el titular del Centro de Capitanes de Ultramar, la salida no pasa por abrir el mercado sin condiciones. Propone, en cambio, negociar contrapartidas, tal como hicieron otros países en situaciones similares. En ese sentido, apeló a otra imagen: «La soberanía es el timbre de un país. Si usted tiene que tocar el timbre es porque usted reconoce que hay un propietario y usted tiene que anunciarse«. Y concluyó: «El propietario tiene la potestad de dejarlo entrar o no«.
Dudas sobre la obligación de embarcar tripulación argentina
El proyecto contempla que los buques extranjeros incorporen tripulantes argentinos a partir de los 90 días de actividad en cabotaje. Tiravassi cuestionó la eficacia real de esa cláusula.
Como ejemplo, mencionó que algunas legislaciones vecinas exigen que la totalidad de la tripulación de su flota sea de esa misma nacionalidad. Por eso, sostuvo, la contrapartida no aplicaría en los hechos a esos buques. El dirigente fue tajante sobre las consecuencias: «Las empresas van a desaparecer, nuestro trabajo se va a terminar».
La alternativa: un segundo registro con beneficios impositivos
Como salida al conflicto, Tiravassi remarcó que existen dos proyectos en la Cámara de Diputados para crear un segundo registro naviero. La propuesta sigue el modelo de países como Dinamarca, Noruega, España, Inglaterra, Francia y Alemania. Según explicó, el 80% de la flota mundial opera bajo registro de conveniencia o bajo un segundo registro de este tipo.
El planteo consiste en otorgar beneficios impositivos a los armadores argentinos, a cambio de obligaciones recíprocas para el sector. Tiravassi lo comparó con los incentivos que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) concede a proyectos mineros y energéticos. Para el dirigente, esa vía —y no la apertura irrestricta del cabotaje— permitiría resolver la ecuación de competitividad sin resignar la actividad naviera nacional.
Fuente: Declaraciones de Jorge Tiravassi a Eduardo Feinmann, radio Mitre.







