Investigadores de la UNMdP desarrollaron un sistema que convierte los efluentes grasos del puerto pesquero en bioplásticos biodegradables. Es economía circular aplicada a la infraestructura portuaria. El Consorcio Portuario Regional de Mar del Plata respalda el proyecto, financiado por la CIC bonaerense, con potencial de replicación en toda la costa provincial.
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Cuando baja la temperatura en Mar del Plata, las grasas y aceites industriales se solidifican en las cañerías. Se adhieren a las paredes de los conductos y generan obstrucciones recurrentes. El resultado es conocido en la gestión portuaria: corrosión, malos olores y costos de mantenimiento sin solución de fondo. Eso ocurre antes de que los efluentes lleguen a la planta de pretratamiento de Camet. Es un problema operativo viejo, sin más respuesta que la limpieza periódica.
Un equipo del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Ambiente (INCITAA) de la UNMdP propone una salida diferente. La investigación está dirigida por la Dra. Silvia Elena Murialdo y codirigida por la Dra. María Karina Herrera Seitz. El objetivo no es eliminar el residuo: es convertirlo en materia prima para producir bioplásticos biodegradables.
La clave son bacterias que se alimentan de esas grasas y aceites. Al hacerlo, acumulan en sus células un biopolímero natural: el PHA (polihidroxialcanoato). Una sola operación cumple dos funciones: depura el efluente y genera un material con valor comercial.
Cómo funciona el proceso
El sistema usa consorcios microbianos: combinaciones de cepas bacterianas diversas. Algunas son comerciales; otras provienen del propio ambiente portuario. Juntas degradan la materia orgánica con mayor eficiencia que una especie única.
Cuando disponen de más sustrato del necesario, las bacterias almacenan el excedente como reserva intracelular. Esa reserva es el PHA. A diferencia de los plásticos de origen fósil, este biopolímero se degrada en condiciones naturales.
El proyecto avanza en cuatro etapas. Las primeras dos identifican el consorcio microbiano óptimo y caracterizan la composición de los efluentes portuarios. La proporción de grasas y aceites varía según el origen del desecho.
La tercera etapa trabaja a escala de banco con efluentes reales del puerto. Allí se evalúan la eficiencia de depuración y el rendimiento en producción de biopolímero. La cuarta es una prueba demostrativa ante el sector privado interesado. Es el paso que habilita el escalado productivo.
El rol del Consorcio Portuario y la proyección regional
El Consorcio Portuario Regional de Mar del Plata respalda institucionalmente el proyecto. No es un desarrollo ajeno al sector: el ente portuario acompaña la investigación y facilita el acceso a efluentes reales.
Eso acorta la distancia entre laboratorio y aplicación operativa. El financiamiento proviene de la convocatoria Ideas-Proyecto 2026 de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la Provincia de Buenos Aires.
La pregunta más relevante para el sector portuario bonaerense es otra. Si el sistema demuestra eficiencia sostenida, el modelo puede trasladarse. Quequén, Bahía Blanca y San Antonio Oeste enfrentan problemas similares con sus efluentes grasos. En cada uno de esos puertos, el mismo residuo que genera costos podría convertirse en insumo para materiales sustentables.
Un material que compite con el plástico fósil
El PHA no es un biopolímero marginal. Ocupa un lugar de creciente interés en el mercado global de materiales biodegradables. Sus propiedades mecánicas lo hacen competitivo frente a plásticos convencionales en packaging, agricultura y medicina.
La diferencia clave es ambiental: un plástico petroquímico puede persistir siglos. El PHA se degrada como cualquier resto orgánico.
Para el sector portuario, la lógica es directa. Un efluente que hoy es un pasivo —costo de gestión, riesgo ambiental, presión regulatoria— pasa a ser un activo dentro de un esquema de economía circular.
La articulación entre ciencia pública y sector privado es la pieza que falta. Sin ella, el salto del laboratorio a la producción no es viable.
El INCITAA acumula experiencia previa en biorremediación de efluentes portuarios y en producción de PHA con microorganismos autóctonos. Esa trayectoria respalda la viabilidad técnica y reduce los tiempos de validación.
Si los resultados acompañan, Mar del Plata podría ofrecer a la costa bonaerense algo más que una solución sanitaria. Podría ofrecer un modelo replicable: residuos que dejan de tapar cañerías para convertirse en materiales del futuro.







