La batalla por el futuro del transporte marítimo entró en una nueva fase de tensión global. Estados Unidos rechazó formalmente la propuesta de la Organización Marítima Internacional (OMI) para encaminar al sector hacia la neutralidad de carbono y advirtió que tomará represalias contra los países que respalden el acuerdo. 

Redacción GlobalPorts

El plan, bautizado Net-Zero Framework, fue presentado como un hito histórico en la lucha contra el cambio climático, pero la administración de Marco Rubio lo considera una amenaza directa para la economía norteamericana.

Según informó Reuters, la posición de Washington fue comunicada en una declaración conjunta del secretario de Estado, acompañado por los titulares de Comercio, Energía y Transporte. El mensaje fue claro: Estados Unidos no aceptará un marco que, en su visión, “elevaría de manera importante los costos para los ciudadanos, las navieras, las empresas energéticas y los sectores dependientes del turismo”.

El corazón del plan: un precio global al carbono

El Net-Zero Framework aprobado en abril por la OMI busca aplicar, por primera vez en la historia, un sistema global de tarifas a las emisiones del transporte marítimo. El esquema fija un valor mínimo de 100 dólares por tonelada de CO₂emitida por encima de ciertos umbrales, y hasta 380 dólares en los casos más intensivos, explicó la agencia AP. Lo recaudado nutriría un fondo destinado a incentivar tecnologías más limpias, premiar a los buques menos contaminantes y asistir a los países en desarrollo en su transición energética.

Para los defensores del acuerdo, se trata de una herramienta crucial: el transporte marítimo internacional es responsable de alrededor del 3 % de las emisiones globales de CO₂, un volumen comparable al de países industrializados como Japón o Alemania. El objetivo es que el sector alcance la neutralidad de carbono hacia mediados de siglo, en línea con los compromisos del Acuerdo de París.

La estrategia de Washington

Lejos de sumarse al consenso emergente, Estados Unidos se retiró de las negociaciones en abril y envió un memorando instando a otros países a reconsiderar su apoyo. La semana pasada, la administración advirtió que podría aplicar sanciones comerciales o diplomáticas a los Estados que voten a favor en la reunión decisiva de octubre, donde se requerirá una mayoría de dos tercios para que el plan sea jurídicamente vinculante, tal como detalló Financial Times.

“Estamos defendiendo a nuestros trabajadores, a nuestra economía y a los consumidores frente a un esquema injusto que trasladaría los costos a los países que dependen del transporte marítimo”, señalaron funcionarios estadounidenses citados por Reuters.

Tensiones en la arena internacional

La amenaza de represalias reconfigura el tablero diplomático. Hasta ahora, 63 de los 176 países miembros de la OMI ya manifestaron su apoyo al plan, entre ellos China, Brasil y varias naciones de la Unión Europea. Sin embargo, expertos temen que la presión de Washington desaliente a otros Estados a comprometerse con una medida que, aunque ambiciosa, aún despierta resistencias entre los países exportadores de materias primas y las economías con menor margen fiscal.

Analistas citados por Ship & Bunker advierten que, sin la participación de Estados Unidos, implementar un mecanismo global podría resultar complejo. “Si Washington se mantiene al margen y ejerce presión, los incentivos para que otros países apliquen de manera plena el sistema se reducen, lo que pone en riesgo la efectividad del acuerdo”, apuntó Rico Luman, economista de ING.

¿Qué está en juego?

  • Credibilidad climática: La OMI, agencia de la ONU responsable de regular el transporte marítimo, se juega su capacidad de liderar en la agenda ambiental.
  • Economías emergentes: Países en desarrollo temen que el nuevo costo del transporte encarezca sus exportaciones. La propuesta, sin embargo, prevé mecanismos de compensación para mitigar ese impacto.
  • Equilibrio geopolítico: La postura de EE. UU. recuerda otros episodios de repliegue climático, como su salida del Acuerdo de París, y podría fortalecer alianzas alternativas entre la Unión Europea, China y América Latina en torno a la descarbonización del transporte.

Una encrucijada decisiva

La votación de octubre en Londres se anticipa como un pulso global. Para unos, el Net-Zero Framework es una oportunidad histórica de avanzar hacia un transporte marítimo sostenible y de reforzar la acción climática en uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Para otros, encabezados por Estados Unidos, se trata de una traba que podría poner en riesgo la competitividad económica.

Mientras tanto, la pregunta central sigue abierta: ¿será capaz la comunidad internacional de sostener un acuerdo climático global en uno de los sectores más estratégicos del comercio mundial, a pesar de la oposición frontal de la principal potencia económica?

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