El futuro traslado del puerto de Buenos Aires requiere una planificación en el tiempo que va más allá de la coyuntura circunstancial.

Por AGUSTIN BARLETTI

TecPlata, la terminal de contenedores de La Plata es un desierto. Desde que comenzó el año no llegó un solo buque a sus muelles. Log-in, la única naviera que recalaba se llevó los contenedores vacíos y la terminal desarmó la carpa que había instalado para manejar el desconsolidado, un servicio que al parecer dejará de prestar. Es posible que para la semana próxima llegue un buque, pero es tan bajo su movimiento que la operación seguirá siendo deficitaria como hasta ahora.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof, como corresponde, brega por los emprendimientos de su provincia y TecPlata es uno de ellos. El ministro de Transporte Mario Meoni, otro bonaerense, tampoco ve con malos ojos un posible desplazamiento de la carga de Buenos Aires hacia TecPlata, de hecho, acaba de anunciar la conformación de una comisión a tales efectos. Lo hizo en una reunión donde también avisó que el puerto de Buenos Aires, cuyas principales concesiones vencen en mayo de 2022, será licitado nuevamente por un período cercano a los 10 años. ¿Cómo se compatibiliza la llegada de buques a TecPlata con un puerto de Buenos Aires operativo, digamos hasta 2032? Nadie lo sabe, porque hoy la única forma de que TecPlata prospere es cerrando Buenos Aires, el único puerto federal, y el enclave de contendores más importante de la Argentina. Eso es así porque ni armadores ni trabajadores quieren ir a un puerto construido en el lugar equivocado, con reconocidas limitaciones en sus accesos terrestres y un único muelle que permite solo la operación de dos buques en simultaneo. Queda claro entonces que, en materia de puertos y logística, no es suficiente el mero voluntarismo político.

Mientras tanto el mundo sigue girando, el puerto de Buenos Aires avanza con su proceso licitatorio, y en tres meses vence el contrato de Bactssa, concesionaria de la Terminal 5. La propuesta que realizó TecPlata para que los trabajadores de Bactssa se mudaran a La Plata junto con su servicio de línea ni siquiera fue considerada. Ambos seguirán en Buenos Aires, ya está todo firmado y desde TecPlata lo saben. De tener al menos una mínima esperanza de captar ese volumen, ya hubiese comenzado a tomar personal y a dragar su vía de acceso a 35 pies. Si bien su canal está para 45 pies, por falta de mantenimiento lo tienen en 28 pies.

A escala mundial, el déficit operativo y la imposibilidad de amortizar la colosal inversión realizada en TecPlata, impacta negativamente en los balances del grupo filipino International Container Terminal Services, Inc. (ICTSI), su principal accionista. Y eso que ya le firmaron el certificado de defunción a u$s 220 millones de los más de u$s 400 millones invertidos, porque fueron pasados a pérdida. A su vez, los dólares que debe transferir ICTSI desde Filipinas para cubrir el déficit operativo de TecPlata ingresan, como corresponde, en pesos al valor oficial. El tipo de cambio casi no se mueve y lo gastos en pesos crecen día a día. Entonces, ¿cuánto más estarán dispuestos a aguantar?

En un momento, toda la fruta de la Argentina se exportaba por Buenos Aires, pero hoy no pasa ni un cajón de manzanas, todo sale por otras terminales como la rionegrina de San Antonio Este. Aún se ven en Puerto Nuevo los vetustos elevadores de Terbasa, de cuando la Argentina pre hidrovía completaba los buques que se cargaban como podían en las terminales de Rosafé. En esta línea, seguramente algún día recordemos cuando la mayoría de los contenedores entraban y salían de Buenos Aires. El proceso de traslado de un puerto incrustado en una gran urbe es inevitable, ya lo realizaron ciudades como New York, y Londres entre otras, pero con una planificación extendida en el tiempo. Del mismo modo, Buenos Aires no puede trasladar su puerto de un día para otro. Y menos apurar el proceso para salvar a una terminal como TecPlata, que presenta severas limitaciones logísticas. Seguramente haya tiempo para definir la estrategia de traslado, y la ubicación del puerto de reemplazo durante las próximas dos décadas. A TecPlata le quedará entonces asumir sus errores, como el de haber invertido más de u$s 400 millones en un puerto contra la palabra del entonces gobernador Daniel Scioli, de construir los accesos terrestres. Diez años después de esta promesa incumplida, muchas de esas obras ya no pueden hacerse como por ejemplo la vinculación del terraplén costero con la ruta 6 porque la mayoría de las tierras están ocupadas e intrusadas, o el acceso Ensenada por el Parque Rodríguez, cuya traza es severamente cuestionada por varias organizaciones de protección ambiental.

A pesar de todo, la terminal platense tiene algo para celebrar: hasta ahora ningún fiscal de estado de la provincia de Buenos Aires pidió la recisión de su contrato. Legalmente podrían hacerlo porque TecPlata no cumplió con el plan de negocios al que se obligó bajo pena de perder la concesión.

Fuente: Transport & Cargo, El Cronista

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