Por Ariel Armero, GlobalPorts//
El Puerto de Montevideo atraviesa una crisis que combina factores comerciales, institucionales y de seguridad. Para Argentina, es una oportunidad para anticiparse. Apostar por un sistema portuario moderno, transparente y articulado, donde la seguridad y la eficiencia convivan, no es solo un objetivo deseable: es una necesidad si quiere liderar el mapa logístico regional en los próximos años.
El retiro, de dos de las principales navieras del mundo, MSC y Hapag-Lloyd, del Puerto de Montevideo, motivado por conflictos tarifarios, demoras operativas y un entorno político en tensión, obliga a países vecinos como Argentina a reflexionar sobre su propia estrategia portuaria, especialmente en momentos donde busca optimizar sus corredores logísticos y recuperar protagonismo en la sus vías navegables.
El Puerto de Montevideo sufrió una caída del 50% en el movimiento de contenedores en tránsito en el primer trimestre de 2025, tras la decisión de MSC y Hapag-Lloyd de eliminar sus escalas directas. Ambas navieras reorientaron sus operaciones hacia puertos como Buenos Aires y Navegantes (Brasil), aduciendo condiciones más competitivas y mejor previsibilidad operativa. La medida dejó expuesta la fragilidad de una política portuaria uruguaya que, en opinión de expertos, ha priorizado acuerdos con actores concentrados como Katoen Natie —operadora de la Terminal Cuenca del Plata— sin resolver tensiones tarifarias, ni asegurar transparencia regulatoria.
Pero además, la decisión de las autoridades uruguayas de escanear el 100% de la carga proveniente de Paraguay —una medida que generó fuertes demoras en las terminales— se vincula directamente con recientes escándalos de narcotráfico internacional que involucran al país. Este componente añade una capa de complejidad a la crisis y muestra cómo la inseguridad puede golpear la competitividad de los puertos si no se actúa con una visión equilibrada entre control y eficiencia.
Controles aduaneros y narcotráfico: una alarma encendida
Uno de los factores que precipitó el retiro de las navieras del puerto uruguayo fue el endurecimiento del control aduanero sobre la carga en tránsito, en particular la proveniente de Paraguay. En marzo de este año, la Dirección Nacional de Aduanas de Uruguay implementó la orden de escanear el 100% de los contenedores paraguayos que ingresaban a Montevideo. ¿El motivo? La creciente preocupación por el narcotráfico.
El detonante fue un caso ocurrido en Alemania, donde se incautaron más de 10 toneladas de cocaína ocultas en un cargamento de sésamo que había transitado por Montevideo. A ese escándalo se sumaron denuncias de que el puerto se estaba convirtiendo en un corredor vulnerable para la exportación de drogas a Europa. La respuesta oficial fue inmediata: aumentar el control al máximo. Pero esta decisión, aunque necesaria desde el punto de vista de la seguridad, tuvo efectos colaterales inmediatos: congestión en la terminal, retrasos en la cadena logística, pérdida de confiabilidad.
Para remediarlo, las autoridades aduaneras de Uruguay anunciaron la incorporación de nuevos escáneres de mayor capacidad, la firma de convenios de intercambio de imágenes con la Aduana paraguaya y la implementación de análisis de riesgo para agilizar los procesos sin bajar la guardia en materia de seguridad.
El dilema que atraviesa Uruguay es el mismo que enfrentan todos los países que integran los corredores de tránsito internacional: cómo garantizar controles rigurosos contra el crimen organizado sin paralizar la actividad comercial. En este sentido, Argentina no está exenta de desafíos. Los puertos del litoral fluvial, por donde transitan cargas de Paraguay, Bolivia y el sur de Brasil, están cada vez más expuestos a los riesgos del narcotráfico, especialmente ante la expansión de redes criminales transnacionales.
La lección es clara: combatir el narcotráfico requiere inversión en tecnología, cooperación internacional y profesionalización de las agencias de control, pero también sensibilidad logística. Imponer controles sin prever sus consecuencias operativas puede vaciar de contenido cualquier plan estratégico. Lo que ocurrió en Montevideo debe servir como advertencia: una medida necesaria mal instrumentada puede provocar la fuga de operadores clave.
Lecciones que Argentina no puede ignorar
El caso Montevideo se transforma en espejo para Argentina. En momentos en que el país busca relanzar su sistema portuario, atraer cargas de tránsito y promover la integración con las economías vecinas a través de la Hidrovía Paraná-Paraguay, el mensaje es claro: la previsibilidad y la eficiencia operativa son factores decisivos para los grandes operadores logísticos. Las navieras no esperan largos debates institucionales ni toleran conflictos regulatorios prolongados. Eligen rutas más simples, económicas y seguras.
Argentina tiene la oportunidad de actuar con inteligencia. Impulsar un plan maestro portuario con participación público-privada, coordinar criterios entre aduana, Prefectura y puertos, y mantener reglas claras y competitivas son acciones urgentes si se quiere evitar los mismos errores. La gobernanza portuaria debe basarse en planificación estratégica y reglas estables, sin improvisaciones ni concesiones asimétricas.






