La exportación de petróleo de Vaca Muerta se convirtió en mayo en el principal producto de venta externa del país, con un salto interanual del 321,9% que la ubicó por encima de los complejos tradicionales del agro.

GlobalPorts | Energía, Puertos y Logística

El dato, difundido esta semana por el INDEC, explica buena parte del superávit comercial récord de u$s3.504 millones registrado en el quinto mes del año.

Pero detrás del festejo oficial asoma una pregunta que todavía no tiene respuesta firme: si la producción de crudo no convencional sigue creciendo al ritmo actual, ¿la infraestructura de evacuación —oleoductos, terminales y puertos— puede acompañar ese ritmo sin convertirse en el próximo límite del modelo exportador?

Un récord que ya no es solo del agro

Las exportaciones argentinas totalizaron u$s9.537 millones en mayo, un máximo histórico con una suba interanual de 34,4%. Las importaciones, en cambio, cayeron 7% hasta u$s6.033 millones, afectadas por la debilidad de la actividad industrial y una menor compra de piezas y bienes de capital. La combinación de ambos movimientos dejó un superávit comercial de u$s3.504 millones, el más alto desde que existen registros oficiales.

Dentro de ese resultado, el rubro Combustibles y Energía exportó u$s1.745 millones, un salto de 167,1% frente a mayo de 2025. El saldo energético —exportaciones menos importaciones del sector— llegó a u$s1.543 millones, también un récord de la serie. Según remarcó el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), ese resultado explicó el 44% del superávit comercial total del mes.

El petróleo crudo fue el motor puntual de ese salto. Sus ventas externas se dispararon 321,9% interanual y le permitieron alcanzar una participación del 12,3% sobre el total exportado por el país, superando a productos históricamente dominantes como el maíz, la harina y los porotos de soja.

Lo que explica el salto: más cantidad, no solo mejores precios

El detalle por cantidades y precios que publica el INDEC aporta un matiz clave para entender el fenómeno. Si bien los precios de exportación energética subieron 49,9% interanual —en parte por la tensión en los mercados internacionales de crudo derivada del conflicto en Medio Oriente—, el componente que más pesó fue el de cantidades, con un alza de 78,5%.

Esto confirma que el salto exportador no responde a un efecto coyuntural de precios, sino a un cambio estructural en la escala de producción. En abril, la producción de petróleo en Argentina llegó a 899.000 barriles diarios, un 18% más que un año atrás. De ese total, 616.000 barriles correspondieron a producción no convencional de Vaca Muerta, con un crecimiento interanual del 40%.

En gas natural, la producción alcanzó los 141 millones de metros cúbicos diarios, de los cuales 95 millones provinieron de reservorios no convencionales. El shale ya dejó de ser una promesa de mediano plazo: es, hoy, el principal factor detrás de los números de comercio exterior del país.

El cuello de botella ya no está en el pozo

Producir más barriles solo se traduce en más dólares si existe la capacidad para sacarlos. Ahí es donde el eje de la discusión se traslada desde Neuquén hacia la cadena logística que conecta la cuenca con los mercados externos: oleoductos, terminales de almacenaje y puertos de exportación.

En los últimos años, el sector avanzó en obras que ampliaron esa capacidad de evacuación, entre ellas la expansión de la red de oleoductos hacia el Atlántico y las inversiones en terminales portuarias sobre la costa rionegrina y bonaerense. El sistema CALM en desarrollo en Punta Colorada, pensado para permitir la carga de buques de gran porte sin las limitaciones de calado que hoy enfrenta Bahía Blanca, es la pieza más visible de esa apuesta. Sin esa infraestructura, el incremento de cantidades exportadas que muestran los datos de mayo —ese 78,5% que explica la mayor parte del salto— no habría sido físicamente posible.

El punto es que la curva de producción de Vaca Muerta no muestra señales de desaceleración. Si el no convencional sigue expandiéndose a tasas del 40% interanual, la pregunta relevante para el sector portuario y de transporte deja de ser cuánto petróleo hay para exportar, y pasa a ser cuánta capacidad de evacuación existe —y cuánta se necesitará— para no convertirse en el freno de un modelo que, por ahora, depende cada vez más de la energía y cada vez menos exclusivamente del agro.

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