Argentina batió el récord histórico de exportaciones mineras en 2025, pero su litio sale por puertos chilenos. El Corredor Bioceánico de Capricornio, entre la urgencia y el ripio.
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Las exportaciones mineras de Argentina cerraron 2025 en US$ 6.037 millones, el récord histórico del sector. El litio se consolida como segundo motor de crecimiento, con siete plantas operativas en el Noroeste.
Pero las exportaciones mineras de Argentina enfrentan una paradoja: cuanto más crece la producción de litio, más se profundiza la dependencia de terminales portuarias chilenas. El Corredor Bioceánico de Capricornio es la hoja de ruta. La infraestructura, el problema.
Las exportaciones mineras totalizaron US$ 6.037 millones en 2025, un alza del 29,2% frente a 2024. El oro lideró con US$ 4.078 millones. El litio marcó US$ 905 millones —máximo histórico— y explicó el 15% del total sectorial.
El sector pasó de 35.000 toneladas de carbonato de litio equivalente en 2022 a 116.000 en 2025. Para 2026, el litio aportaría más de US$ 2.400 millones a la balanza comercial. Tres proyectos del NOA integran el top 10 mundial: Cauchari-Olaroz, Salar de Olaroz y el complejo Fénix en el Hombre Muerto, según el portal especializado Mining.com.au. El cuadro macroeconómico es sólido. El problema está en el camino que recorre esa carga antes de llegar al mar.
La lógica de las empresas: el Pacífico es la única ecuación que cierra
Las compañías mineras no eligieron los puertos chilenos por descuido. Lo hicieron porque la matemática es inapelable. El 67% de la demanda mundial de litio proviene de Asia. Los puertos del norte de Chile —Antofagasta, Iquique, Mejillones, Tocopilla— ofrecen una proximidad geográfica que los terminales atlánticos no pueden compensar. Frente a eso, las empresas de Salta, Jujuy y Catamarca desvían sus cargamentos hacia el Pacífico a través del Corredor Bioceánico de Capricornio, evitando los sobrecostos de la logística centralizada en Buenos Aires.
La decisión es racional en el corto plazo. Pero el agregado de esas decisiones individuales construye un problema colectivo. Las empresas ya reconfiguraron su logística hacia el Pacífico sin esperar que la infraestructura esté completa. Cada contrato de largo plazo con un operador portuario chileno es un ancla que dificulta la reversión futura.
El cuello de botella tiene kilómetros y nombre
La dependencia portuaria externa nació de una brecha de infraestructura sin resolver. Varios sectores de la Ruta Nacional 51, columna vertebral del transporte minero de la Puna salteña, siguen siendo de ripio. Las mejoras parciales encarecen los costos operativos. El tramo crítico son 91 kilómetros entre Campo Amarillo y el Paso de Sico. Sin ese asfalto, llegar a los puertos atlánticos implica 1.200 a 1.500 kilómetros adicionales por rutas también deficientes.
Una ineficiencia concreta ilustra la situación. Cientos de camiones argentinos viajaron vacíos hasta Iquique para retirar ceniza de soda, insumo esencial para producir litio. Podrían haber salido con producto exportable. La falta de coordinación logística impide aprovechar el viaje de ida y el retorno con carga. Argentina no solo pierde la salida del mineral: resigna también la entrada rentable del insumo.
Las provincias del NOA aceleran mientras la obra nacional demora
Salta y Jujuy no esperan. El gobernador Gustavo Sáenz negocia con el BID hasta US$ 100 millones para pavimentar el tramo crítico de la RN 51 entre Campo Amarillo y el Paso de Sico. Jujuy impulsa la modernización de los pasos internacionales: escaneo de cargas, digitalización de trámites y unificación de criterios para el transporte pesado. Son iniciativas subnacionales que intentan compensar una deuda de infraestructura con respuesta federal pendiente.
El contraste con Chile es elocuente. Las autoridades chilenas ya decidieron potenciar el Paso de Jama. Señalan que la falta de avances del lado argentino hacia el Paso de Sico influyó en esa elección. Chile no captura el corredor por ventaja geológica. Lo captura por velocidad de ejecución.
El horizonte que hace más urgente la pregunta
Las proyecciones agrandan la tensión. Las exportaciones mineras argentinas podrían alcanzar los US$ 9.000 millones en 2026. S&P y COCHILCO proyectan que Argentina podría ser el segundo mayor productor de litio del mundo en la próxima década.
El país concentra el 20% de los recursos mundiales y opera con costos por debajo de los US$ 10.000 por tonelada. El Secretario de Minería Luis Lucero proyectó una capacidad instalada de 650.000 toneladas anuales de LCE hacia 2035.
Ese volumen hace la pregunta del título más concreta. Hoy el 15% de las exportaciones mineras sale por Chile. Si en 2030 ese porcentaje se aplica a una canasta de US$ 15.000 millones, la dependencia deja de ser incomodidad logística. Se convierte en vulnerabilidad estructural.
Argentina tiene las reservas, tiene la demanda y tiene proyectos en el top 10 mundial. Lo que no tiene es la infraestructura que convierta esa posición geológica en soberanía logística. En las cadenas de suministro críticas, esa brecha no se cierra con acuerdos de integración regional. Se cierra con asfalto, pasos modernizados y terminales propias que compitan en serio.






