Un incidente ocurrido en el puerto de Rotterdam volvió a poner en primer plano los desafíos operativos que plantea la nueva generación de portacontenedores de gran tamaño.
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Durante la escala del Bangkok Express en la terminal APM Terminals Maasvlakte II, varios contenedores vacíos cayeron desde cubierta mientras se desarrollaban tareas portuarias, impactando sobre la gabarra de servicios K Lotus, que operaba junto al buque.
El hecho provocó daños materiales, aunque no se registraron heridos ni derrames, y el buque continuó su itinerario según lo previsto, zarpando el 7 de febrero con destino a Salalah, Omán.
El episodio se produjo en uno de los entornos portuarios más tecnificados del planeta. APM Terminals Maasvlakte II, en Rotterdam, es una de las terminales más automatizadas y preparadas para operar los megabuques de última generación que hoy dominan el comercio global.
En ese contexto, la caída de contenedores —aunque no haya generado consecuencias mayores— expone la complejidad operativa que implica trabajar con unidades de gran porte, donde múltiples tareas se desarrollan en simultáneo: descarga, reestiba, suministro de combustible y servicios auxiliares.
Parte de los contenedores que se desprendieron impactaron sobre la gabarra K Lotus, que se encontraba junto al buque prestando servicios, evidenciando uno de los puntos más sensibles de la operatoria moderna: la proximidad de embarcaciones menores durante operaciones de alta intensidad logística.

El factor megabuques: escala, eficiencia y nuevos riesgos
El Bangkok Express, operado por Hapag-Lloyd, forma parte de la nueva generación de Ultra Large Container Ships (ULCS), con capacidad para 23.660 TEU y sistema de propulsión dual a gas natural, lo que lo ubica entre los portacontenedores más avanzados tecnológicamente en circulación.
Sin embargo, esta escala sin precedentes también introduce nuevas exigencias:
- Pilas de contenedores cada vez más altas.
- Mayor densidad de carga y manipulación simultánea.
- Coordinación permanente entre grúas, tripulación y embarcaciones auxiliares.
En este tipo de unidades, incluso los contenedores vacíos —más livianos y usualmente estibados en niveles superiores— pueden desestabilizarse ante movimientos mínimos del buque, efectos del viento o maniobras durante la descarga.
El impacto sobre la gabarra pone el foco en una dinámica cada vez más frecuente en los grandes hubs: la superposición de actividades en paralelo para reducir tiempos de estadía.
Mientras se descargan contenedores, pueden realizarse al mismo tiempo: suministro de combustible, servicios técnicos, operaciones con barcazas, mantenimiento y logística auxiliar.
Este modelo aumenta la eficiencia, pero también eleva el nivel de exposición a incidentes si se produce una falla puntual en la estiba o en la manipulación de carga.
A pesar del incidente, el Bangkok Express continuó su viaje sin interrupciones mayores. Este dato no es menor: refleja el alto grado de resiliencia del sistema portuario y, al mismo tiempo, la fuerte presión que existe por mantener los cronogramas logísticos globales.
En la cadena marítima actual, cualquier demora en un buque de este tamaño puede impactar en múltiples puertos y servicios intercontinentales. Por eso, incluso frente a incidentes menores, la prioridad operativa suele ser restablecer rápidamente la normalidad.
Schuttevaer/TheLogisticWorld/EM






