El sector energético concentra la mayor parte de las inversiones aprobadas bajo el RIGI. Traducirlas en exportaciones reales depende de que la infraestructura portuaria de Vaca Muerta esté lista en tiempo y forma.
GlobalPorts | Puertos y Logística
El RIGI aprobó más de US$ 11.675 millones en proyectos energéticos. La mayoría apunta a producción, transporte y exportación de hidrocarburos desde la Cuenca Neuquina. La pregunta que hoy estructura la agenda del sector no es si las inversiones llegan. Es si la infraestructura portuaria y logística estará lista para recibirlas.
Punta Colorada: el nuevo nodo exportador atlántico
El proyecto que más define esta transición es el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), con una inversión de US$ 2.486 millones. El oleoducto conecta los yacimientos neuquinos con la Terminal Portuaria de Punta Colorada, en el Golfo San Matías rionegrino. Es la obra de infraestructura energética privada más ambiciosa de las últimas décadas en Argentina.
El avance es concreto. Al cierre de marzo, el proyecto registraba un progreso general del 58%. La soldadura automática está completada en toda la extensión del ducto. La prueba hidráulica del primer tanque de almacenamiento finalizó con éxito. Las monoboyas se encuentran en proceso de instalación offshore.
La fecha objetivo del consorcio —integrado por YPF, Pan American Energy, Vista, Pampa Energía, Pluspetrol, Chevron y Shell, entre otras— es diciembre de 2026 para las primeras exportaciones.
Lo que se construye en Punta Colorada no es solo el punto final de un oleoducto. Es una terminal diseñada para operar con supertanqueros de escala global. Contará con seis tanques de 120.000 m³ cada uno, los de mayor capacidad jamás construidos en Argentina. Dos monoboyas Single Point Mooring se instalarán a 15 kilómetros de la costa. Cada buque podrá transportar hasta 2 millones de barriles por viaje. A diferencia de Puerto Rosales, donde operan Aframax y Suezmax, Punta Colorada habilitará por primera vez la carga directa en superpetroleros. Eso abre acceso a mercados de mayor distancia y escala.
El GNL y el desafío offshore
El proyecto de mayor peso dentro del RIGI energético es la iniciativa de Gas Natural Licuado del consorcio Southern Energy. Lo integran Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG. La inversión estimada asciende a US$ 6.878 millones. Su arquitectura es enteramente marítima: dos buques flotantes de licuefacción (FLNG) se instalarán frente a las costas rionegrinas del Golfo San Matías. El Hilli Episeyo y el MKII tendrán una capacidad conjunta de 6 millones de toneladas anuales de GNL.
La complejidad logística de este esquema no tiene antecedentes en Argentina. La operación requiere sistemas de amarre de yugo flexible, ductos submarinos de 30 pulgadas y buques de apoyo especializados. También demanda unidades DSV y remolcadores de posicionamiento dinámico. CoreMarine y Jumbo Offshore recibieron el contrato para la instalación. El Hilli Episeyo está previsto para 2027 y el MKII para 2028. El país no solo necesita que estos buques lleguen. Necesita consolidar la cadena de valor marítima y portuaria que los sostenga en operación.
Una cadena logística que ya se está formando
Los proyectos aprobados bajo el RIGI no generan solo grandes obras de ingeniería. Traccionan una demanda creciente y sostenida de servicios especializados a lo largo de toda la cadena.
Puerto San Antonio Este ya recibió insumos críticos para el VMOS. La concesionaria del puerto confirmó que ese flujo no es puntual: SAE funcionará como base primaria de operaciones para las futuras instalaciones flotantes de GNL. Los servicios incluirán transporte de personal, provisión de repuestos, remolcadores, abastecimiento general y movimientos especiales. Puerto Madryn también se posicionó ante el sector naviero como plataforma de apoyo para la energía offshore patagónica.
Puerto Galván, en Bahía Blanca, cumple un rol central como punto de entrada de insumos importados para Vaca Muerta. Su calado, infraestructura para cargas pesadas y conexión ferroviaria con la cuenca neuquina lo consolidan como nodo logístico del corredor energético. En el segmento del agenciamiento, empresas del sector ya anunciaron su expansión hacia Punta Colorada para atender el nuevo tráfico de supertanqueros.
La demanda concreta abarca remolque y practicaje en terminales de nueva operación, agenciamiento para buques VLCC y metaneros, logística de cargas de proyecto sobredimensionadas, servicios de apoyo offshore para los FLNG, provisión y mantenimiento en bases costeras, y transporte especializado entre puertos y cuenca. Para los actores de la cadena logística, el RIGI energético no es solo una noticia del sector upstream. Es una agenda de negocios con fecha y puerto de destino.
Los gasoductos como condición necesaria
La producción no llega a los puertos sin transporte troncal. La ampliación del Gasoducto Perito Moreno demandará US$ 550 millones. El Gasoducto San Matías contempla una inversión de US$ 1.300 millones, con inicio de obras en 2026 y finalización proyectada en 2028. Ambos son las arterias que conectarán Vaca Muerta con las terminales de exportación. Sin ellos, ni Punta Colorada ni el esquema FLNG del Golfo San Matías alcanzan su potencial. La aprobación de ambos bajo el RIGI asegura previsibilidad fiscal y cambiaria. Pero el cronograma de obra seguirá siendo el indicador a monitorear.
La escala del desafío
Las proyecciones de YPF apuntan a exportaciones energéticas de entre US$ 13.500 y US$ 14.000 millones en 2026. Para que esa cifra crezca en los años siguientes, Argentina necesita que Punta Colorada exporte en tiempo y forma.
Necesita los FLNG operativos en el Golfo San Matías y los gasoductos troncales acompañando la demanda. Los puertos de apoyo —como Quequén, que ya participó en la logística de las monoboyas— deben consolidar su rol en la cadena. La agenda que sigue es de ejecución. Cada mes de demora en la infraestructura portuaria y logística es un mes de exportaciones que no ocurren.







