McKinsey advierte que la infraestructura de Vaca Muerta es el cuello de botella para exportar GNL. Se necesitan USD 170.000 M en la próxima década.

GlobalPorts | Energía y Logística

El principal obstáculo para la infraestructura de Vaca Muerta ya no es geológico. Tampoco es financiero. Según un nuevo estudio de McKinsey & Company publicado en mayo de 2026, el cuello de botella para la exportación de GNL es la cadena de valor: gasoductos, terminales flotantes, plantas de procesamiento y logística de cargas pesadas. Sin esa red, la producción creciente del shale neuquino quedará varada antes de llegar a los mercados globales.

El informe, firmado por Francisco Ortega y Luciano Di Fiori, sostiene que bajo condiciones favorables, el desarrollo pleno de Vaca Muerta podría representar hasta el 5% del PBI argentino en 2030. Las exportaciones podrían alcanzar 30.000 millones de dólares anuales. Se crearían 25.000 empleos directos en petróleo y gas por año. Pero para llegar ahí, toda la cadena de valor deberá recibir entre 125.000 y 170.000 millones de dólares en inversiones durante la próxima década.


El midstream define si la producción llega al mundo

McKinsey identifica la infraestructura de transporte y procesamiento como el eje crítico. Sin ella, advierten los autores, el crecimiento de la producción podría quedar sin salida. La consultora estima que Vaca Muerta requerirá entre 10.000 y 21.000 millones de dólares en inversión midstream hasta 2030. Esos fondos irán a gasoductos de largo aliento, plantas de procesamiento de gas, unidades de fraccionamiento de líquidos naturales (NGL) y sistemas de recolección intracuenca.


En el escenario base, el informe proyecta un gasoducto de 450 kilómetros y 36 pulgadas de diámetro. Conectaría la cuenca con la primera terminal flotante de GNL. El costo estimado es de 1.600 millones de dólares. En el escenario alto, la cifra escala a 5.000 millones de dólares para una troncal de 48 pulgadas con llegada a Punta Colorada. Esa obra desbloquearía además el valor de los líquidos asociados y garantizaría rutas de evacuación de gas a largo plazo.


Para el crudo, el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) está en construcción. Su capacidad anunciada es de 700.000 barriles por día. McKinsey advierte que será necesaria una expansión adicional para acomodar la producción post-2030. El modelo propio de la consultora proyecta una producción superior a 1,7 millones de barriles diarios hacia 2035.


Las terminales FLNG, la apuesta offshore de Argentina

El informe posiciona al GNL como el catalizador del salto exportador. Un conjunto de proyectos en distintas etapas de madurez —los buques FLNG Hilli Episeyo y MKII, junto al concepto Argentina LNG— podría atraer alrededor de 30.000 millones de dólares en inversiones entre 2026 y 2030. Eso generaría hasta 28 millones de toneladas anuales (MTPA) de capacidad exportadora hacia fin de la década.


El gasto en procesamiento de GNL escalaría desde 1.100 millones de dólares en 2025 hasta cerca de 7.000 millones anuales en 2028. Luego retrocedería al completarse las obras. Entre un cuarto y dos tercios de esa inversión podría provenir de inversión extranjera directa. A plena capacidad, las exportaciones de GNL podrían generar hasta 13.000 millones de dólares anuales hacia 2034. Eso equivale a hasta el 25% de los ingresos totales por hidrocarburos del país.


Una brecha logística del 35% frente al Permian Basin

Uno de los hallazgos más contundentes del informe refiere a la competitividad de costos.

McKinsey estima que Argentina presenta una brecha de hasta el 35% frente a las cuencas estadounidenses. Entre el 20% y el 30% de esa diferencia se explica por logística.

El transporte de equipos pesados —plataformas de perforación, arena de fractura, tuberías— dentro de la cuenca es el principal factor. La consultora recomienda avanzar hacia el transporte ferroviario de cargas. Esa transición reduciría costos, mejoraría la seguridad operativa y aliviaría la presión sobre la red vial regional. También mejoraría el desempeño en emisiones del conjunto de la operación.


En materia de perforación, la actividad upstream deberá más que duplicarse. De unos 450 pozos no convencionales por año en 2025 a más de 900 en 2030. Eso implicará desplegar entre 15 y 25 nuevos equipos de alta especificación en cinco años. Un incremento de entre el 40% y el 75% respecto al parque actual.


Tres condiciones habilitantes que Argentina debe resolver

Más allá de los números de infraestructura, McKinsey identifica tres acciones prioritarias:
La primera es consolidar un entorno fiscal predecible. El régimen RIGI es reconocido como un avance. Pero la consultora advierte que será necesaria mayor claridad sobre retenciones a la exportación, acceso a divisas y repatriación de utilidades. Hasta el 50% del capital requerido podría provenir de fuentes internacionales.


La segunda acción refiere al desarrollo de talento local. A medida que la actividad escale, el sector demandará ingenieros, geoscientistas, especialistas en operaciones digitales y técnicos de mantenimiento. Las políticas de formación y movilidad laboral serán determinantes.


La tercera es la actualización de la infraestructura social en Neuquén y Río Negro. Vivienda, salud y educación deberán acompañar el ingreso masivo de trabajadores y familias a la región.

McKinsey concluye que desbloquear la infraestructura de Vaca Muerta para la exportación de GNL ya no depende de la geología. Depende de la coordinación, el capital y la confianza. La cuenca tiene los recursos para posicionar a Argentina entre los principales exportadores mundiales de GNL. Pero la ventana de oportunidad es acotada. Sin inversiones concertadas en ductos, terminales offshore, procesamiento de gas y logística de cargas en la próxima década, la producción creciente no encontrará salida al mundo.

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