La fase más silenciosa del proyecto Vaca Muerta Oil Sur está a punto de comenzar. Mientras el oleoducto de 437 kilómetros que une Allen con la costa rionegrina avanza con el 58% de ejecución, la atención se desplaza ahora hacia el Golfo San Matías, donde la instalación de las monoboyas VMOS en Punta Colorada definirá si Argentina puede exportar shale oil a escala industrial antes de fin de año.
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Una terminal que no tiene muelle
La terminal exportadora de Punta Colorada no opera como un puerto convencional. En lugar de muelles fijos, el esquema prevé dos monoboyas del tipo CALM —Catenary Anchor Leg Mooring— instaladas entre cinco y nueve kilómetros mar adentro, en el Golfo San Matías.
Desde esa posición, recibirán el crudo que llega por ducto desde tierra y lo transferirán directamente a los buques tanque que aguardarán en alta mar.
El sistema permite que la embarcación gire libremente alrededor de su punto de amarre según el viento y la corriente, sin perder el contacto con la línea de carga. Ese principio de rotación libre —garantizado por cojinetes que soportan cargas extremas— es lo que hace posible operar sin infraestructura fija en condiciones climáticas variables.
Las monoboyas están diseñadas para recibir buques del tipo VLCC, los supertanqueros que transportan hasta dos millones de barriles por viaje y son el estándar del comercio internacional de crudo a larga distancia.
El sistema de fondeo: lo que queda bajo el mar
Instalar una monoboya no es fondear una boya de señalización. El proceso requiere posicionar con precisión milimétrica sobre el lecho marino un sistema de anclas y cadenas que, una vez desplegado, debe soportar las fuerzas que ejerce un supertanquero en operación.
Cada monoboya se fija al fondo mediante un conjunto de seis a ocho cadenas que parten de distintos puntos de anclaje y convergen en la estructura flotante. Las anclas del VMOS pesan 43 toneladas cada una. Las cadenas miden 400 metros.
La geometría del sistema no es arbitraria: las cadenas no trabajan en tensión vertical sino en forma de catenaria, con el tramo inferior apoyado sobre el fondo marino. Esa curva transforma la fuerza horizontal del buque en una carga que el ancla puede absorber sin desplazarse. Es la física del fondeo lo que convierte el acero en un punto fijo confiable.
La ubicación exacta de cada punto de anclaje fue definida el año pasado por el buque OSV Fugro Resilience, que realizó estudios geotécnicos del lecho marino durante cuatro semanas para determinar la composición del fondo y garantizar la integridad del sistema a largo plazo.
Dos buques noruegos, más de 250 días de trabajo
La noruega DOF Group tiene a su cargo la ejecución completa de la etapa submarina del VMOS. El contrato, comunicado a la Bolsa de Oslo y calificado como «sustancial», tiene un valor estimado de entre 25 y 50 millones de dólares e incluye ingeniería, logística, gestión de construcción y ejecución offshore.
Para la tarea, DOF despliega dos embarcaciones con funciones complementarias. El Skandi Hera es un buque tipo AHTS —Anchor Handling Tug Supply— construido en 2009, con 94 metros de eslora y capacidad para 68 personas a bordo. Está diseñado específicamente para maniobras de fondeo en aguas abiertas: posiciona anclas, tensa cadenas y trabaja con posicionamiento dinámico para mantener su lugar mientras opera sobre el fondo.
El Skandi Patagonia cumple un rol de soporte técnico y submarino: cuenta con campana de buceo, grúas de alta capacidad y sistemas de posicionamiento dinámico que lo habilitan para inspección submarina, asistencia en maniobras y conexión de componentes bajo el agua. Este buque opera en aguas argentinas de manera casi ininterrumpida desde el año 2000.
Las operaciones se organizan en dos campañas. La primera, en curso durante el segundo trimestre de 2026, concentra la preinstalación del sistema de fondeo —las anclas, las cadenas y los colectores de fondo conocidos como PLEM. La segunda campaña, prevista entre el tercer y cuarto trimestre, completará la conexión de la infraestructura submarina y el precomisionamiento definitivo de las dos boyas. La duración total supera los 250 días de operaciones en el Golfo San Matías.
El cronograma que define el año
El VMOS cierra marzo de 2026 con un avance general del 58%. La hoja de ruta hacia diciembre exige una monoboya operativa, el ducto troncal completado y al menos dos tanques de almacenamiento habilitados en Punta Colorada. Con esa infraestructura mínima, el sistema podría procesar entre 180.000 y 190.000 barriles diarios de shale oil desde la Cuenca Neuquina. Una segunda fase, proyectada hacia mediados de 2027, ampliaría esa capacidad hasta los 390.000 barriles diarios.
Lo que el Skandi Hera carga hoy en Puerto Quequén son los primeros componentes físicos de esa promesa. La instalación de las monoboyas VMOS en Punta Colorada es el eslabón que convierte un oleoducto en una terminal exportadora real.






