Pampa Energía tiene capacidad ociosa en Loma La Lata y tierra disponible para desarrollar centros de datos en Vaca Muerta. Conectarlos costaría unos USD 900 millones solo en infraestructura eléctrica, y el negocio arrancaría con módulos piloto de 20 a 40 MW.
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Marcelo Mindlin eligió París para decirlo. En la Argentina Week, el presidente de Pampa Energía afirmó el 2 de octubre que la compañía dispone de 800 MW de generación eléctrica y de tierra en Vaca Muerta para alimentar un centro de datos de inteligencia artificial (IA), y presentó la idea como el eslabón siguiente de una cadena que ya incluye el procesamiento de líquidos con TGS y la planta de urea de Bahía Blanca.
El anuncio llega en un momento en que la Patagonia aparece en el radar de los hiperescaladores, las tecnológicas que levantan campus de servidores a escala industrial, y Reuters lo cuenta así desde septiembre. Pero entre la potencia disponible y el primer servidor encendido hay una obra que todavía no tiene fecha.
¿Qué tiene Pampa, exactamente?
La cifra de Mindlin es un redondeo. Fuentes de la empresa precisaron a medios de prensa que no se trata de construir generación nueva: son 780 MW de la central termoeléctrica Loma La Lata que quedarán libres en pocos meses. Equivalen a cerca del 15% de los 5.207 MW que Pampa tiene instalados en todo el país, 4.016 MW de ellos térmicos. En Neuquén suma, además, la hidroeléctrica Pichi Picún Leufú, de 285 MW.
Sobre ese activo se apoya un proyecto que, la compañía evalúa en términos técnicos y económicos: un complejo de hasta 500 MW junto a la propia central. No hay, hasta ahora, un inversor comprometido. Reuters describe a Pampa buscando socios para un centro de datos en Loma de la Lata, y la escala se mide mejor con un dato local: los 13 centros de datos comerciales de más de 1 MW que funcionan en el país suman unos 32 MW, según el relevamiento de Cabase, casi todos en el AMBA. Un solo campus de 500 MW superaría esa capacidad más de 15 veces.
Novecientos millones antes del primer servidor
Pampa estima en unos USD 900 millones la infraestructura eléctrica para alimentar el complejo completo: subestaciones, líneas y adecuación técnica. La cifra no incluye ni el edificio ni el hardware de procesamiento. Por eso los inversores internacionales, según Rubén Turienzo, director comercial de Electricidad de la empresa, plantean arrancar con un módulo de prueba de entre 20 y 40 MW antes de comprometer el desarrollo entero.
El esquema que mejor encaja con Vaca Muerta se llama behind the meter: el centro de datos se conecta directo a la central, sin pasar por la red pública. Goldman Sachs Research advirtió que en los grandes polos de Estados Unidos las interconexiones pueden tardar hasta siete años, y proyecta unos 30 GW de generación a gas bajo esta modalidad hacia 2030. Es la lógica que Pampa quiere trasladar a Neuquén: gas convertido en electricidad a pie de yacimiento, con la ventaja de que la electricidad pesa entre el 40% y el 60% de los costos operativos de un centro de este tipo.
Tres caminos para un mismo dato
Resuelta la energía, queda la conectividad. Un centro de misión crítica necesita al menos tres accesos de fibra óptica físicamente independientes, por trazas distintas, y debe llegar hasta los nodos de intercambio de Buenos Aires y los cables submarinos que amarran en Las Toninas. La inversión que avanza hoy es más modesta que ese requisito: la cooperativa CALF destinará USD 3 millones a tender 150 kilómetros de fibra de 96 hilos entre Neuquén y Añelo, en un plazo de cinco a siete meses. Reuters agrega que el organismo de comunicaciones nacional planea una segunda estación de amarre de cable submarino pensando en la Patagonia.
Los especialistas citados por iProfesional señalan un atajo: aprovechar las servidumbres de gasoductos, oleoductos y líneas de alta tensión para tender tritubos con fibra oscura, lo que recorta tiempos y costos de obra civil. Es la misma lógica que ya se ve en la costa, donde el VMOS corre en paralelo a una red de fibra hacia Punta Colorada.
Para Pampa, el movimiento amplía el menú de destinos del gas de Vaca Muerta. Para el sistema, deja una pregunta de infraestructura más que de recursos: cuánto tarda en llegar lo que falta.







