El ingreso de la petrolera argentina a La Escalonada y Rincón La Ceniza no es una jugada aislada: es la última pieza de un reordenamiento que ya movió activos por miles de millones de dólares y que empieza a definir quién controla la infraestructura de evacuación de la cuenca.
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El Gobierno de Neuquén aprobó este mes las modificaciones contractuales que le dan a Pluspetrol un 20% formal en La Escalonada y Rincón La Ceniza, dos bloques de Vaca Muerta hasta ahora repartidos entre Shell Argentina, Vaca Muerta Inversiones (VMI, controlada por YPF) y la estatal provincial Gas y Petróleo del Neuquén (GyP).
La operación le deja a la provincia un ingreso de USD 13,9 millones entre aportes normativos e Impuesto de Sellos —un monto que conviene leer con precisión: es lo que paga la transferencia societaria, no lo que la petrolera compromete a invertir en los pozos. Ni GyP ni Shell ejercieron el derecho de preferencia que tenían sobre esa cesión, así que la operación avanzó sin sobresaltos entre los socios de siempre.
De vendedora de Total a socia de YPF: el mapa que cambió en un año
Los dos bloques no llegan sin historia. Hasta 2025 los operaba TotalEnergies, que le vendió su 45% a YPF por USD 500 millones —una valuación de unos USD 10.000 por acre— y se retiró de la ecuación.
El lugar de Pluspetrol, en cambio, se gestó recién en enero de este año, cuando la petrolera firmó con YPF un canje de activos: a cambio del 20% que hoy tiene en La Escalonada y Rincón La Ceniza, le entregó a la estatal el 50% que controlaba en otros tres bloques —Las Tacanas, Meseta Buena Esperanza y Aguada Villanueva—, donde YPF ya era dueña de la otra mitad.
El esquema original se modificó el 30 de abril y recién ahora, con el sello de Neuquén, quedó cerrado. Rincón La Ceniza (220,77 km²) cae en la ventana de gas húmedo y gas condensado; La Escalonada (239 km²) combina petróleo volátil y gas condensado, dos calidades de recurso con alto valor de exportación.
Los números que explican todo
El canje con YPF es apenas una pieza de un reordenamiento mucho más grande que Pluspetrol viene ejecutando desde mediados de año, y ahí está la clave de por qué esta operación puntual concentró tanta cobertura:
- Ingresos que más que se duplicaron. En el primer semestre de 2026, Pluspetrol facturó $1,188 billones, frente a $538.034 millones un año antes —un salto que la propia empresa vincula al crecimiento de sus activos no convencionales.
- Una emisión de deuda a la medida de esa escala. La compañía salió a buscar hasta USD 500 millones en Obligaciones Negociables a 12 años, dentro de un programa global que ya asciende a USD 3.000 millones —es decir, apenas un sexto de lo que tiene autorizado a emitir en total.
- Un brazo de servicios propio para no depender de terceros. En junio elevó el capital de Servicios Petroleros Integrados (SPI) a $21.627,5 millones, con el objetivo de integrar perforación y fractura y sostener una curva de producción que apunta a 50.000 barriles diarios este año y 70.000 en 2027.
- Una cuenca que ya absorbió USD 52.000 millones. Desde que YPF empezó a explotarla en 2013, Vaca Muerta —segunda reserva mundial de gas no convencional y cuarta de petróleo de ese tipo— acumuló esa cifra en inversión, el telón de fondo que convierte cualquier reacomodo societario en un movimiento de escala nacional.
¿Por qué le importa esto a la logística de la cuenca?
El mismo mes en que reordenaba su portafolio, Pluspetrol firmó junto a otros productores un acuerdo comercial con Transportadora de Gas del Sur (TGS) para el Proyecto Integral NGLs: un gasoducto de unos 100 kilómetros hacia nuevas instalaciones de procesamiento en Tratayén, con capacidad de 43 millones de metros cúbicos diarios, y un ducto de 577 kilómetros entre Neuquén y Bahía Blanca que alimentará una planta de fraccionamiento y obras en la terminal marítima de exportación.
Es la contracara lógica de lo que pasó con La Escalonada y Rincón La Ceniza: a medida que Vaca Muerta deja de sumar jugadores nuevos y empieza a concentrar la propiedad en menos manos —YPF, Shell, Pluspetrol— también se concentra la escala de lo que hay que evacuar. Menos operadores con posiciones más grandes significan compromisos de ducto, planta y capacidad portuaria pensados para volúmenes que antes se repartían entre varios balances.
Esa es la curva que Pluspetrol Vaca Muerta, junto con YPF y Shell, va a ir definiendo en los próximos meses: no tanto quién entra a la cuenca, sino quién termina construyendo la infraestructura que saca lo que se produce. Sobre ese mismo eje —cómo la inversión en Vaca Muerta se traduce en logística portuaria— ya veníamos anticipando algunas señales en nuestra cobertura del RIGI y su vínculo con la cadena de exportación.







