Un conversatorio regional pone en agenda los ciclos hidrológicos de largo plazo y sus impactos en la cuenca
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Tras más de cinco años marcados por una de las sequías más severas registradas en la Cuenca del Plata, el río Paraná muestra una leve recuperación hidrológica, aunque permanece en niveles de aguas medias–bajas y con una tendencia de caudal aún lejos de los valores históricos previos a 2019.
Los especialistas advierten que podríamos estar transitando una nueva fase hidrológica de largo plazo, caracterizada por mayor variabilidad, menor previsibilidad y episodios más intensos de estrés hídrico. En este escenario, la pregunta central es cómo planificar, gestionar e invertir bajo un modelo que asuma la incertidumbre como variable estructural.
Una sequía que golpea a la logística, la energía y los ecosistemas
La bajante extraordinaria del río Paraná dejó de ser un episodio aislado para convertirse en la cara visible de una crisis hídrica de largo aliento. Estudios recientes del Instituto Nacional del Agua y de organismos científicos de la región identifican el período 2019–2023 como una de las peores sequías desde 1944 en la Cuenca del Plata, con caudales muy por debajo de los promedios históricos durante varios años consecutivos.
El Paraná es mucho más que un curso de agua: sostiene el principal corredor agroexportador del país —la franja portuaria del Gran Rosario, por donde sale cerca del 70 % de los granos argentinos—, abastece de agua a millones de personas, alimenta centrales hidroeléctricas como Yacyretá y mantiene uno de los sistemas de humedales más extensos de Sudamérica. Por eso, cada centímetro de bajante repercute en la economía, en la energía y en el ambiente.
Durante los años más críticos de la bajante, los puertos del Gran Rosario debieron operar con menos calado, obligando a los buques a cargar menos tonelaje y a completar embarques en otros destinos, con sobrecostos logísticos y pérdidas millonarias para el complejo agroindustrial. Distintos informes estimaron para 2021 pérdidas de cientos de millones de dólares por menor carga y demoras en la operatoria.
La crisis también se sintió en la generación hidroeléctrica, con caudales reducidos que limitaron la operación óptima de embalses y obligaron a recurrir a otras fuentes de energía más costosas o emisoras de carbono.
En paralelo, el impacto ecológico es profundo. Investigaciones recientes advierten sobre un empobrecimiento en la diversidad de peces y una fuerte caída en cantidad y tamaño del sábalo, especie clave para la cadena trófica y base de la pesca comercial en la cuenca.
La combinación de bajante prolongada, menor frecuencia de grandes crecientes y sobrepesca llevó a declarar situaciones de emergencia y, en algunos casos, a suspender exportaciones de pescado para proteger el recurso.
Las comunidades ribereñas —pobladores isleños, pescadores artesanales, pequeños productores— están entre las más afectadas: sufren la pérdida de ingresos por la caída de la pesca, dificultades para el acceso al agua y la degradación de los humedales que sostienen sus modos de vida.
Más que falta de lluvia: una cuenca sometida a múltiples presiones
Si bien la falta de precipitaciones en la parte alta de la cuenca y la reiteración de eventos La Niña explican buena parte del fenómeno, los especialistas advierten que la crisis hídrica es el resultado de una combinación de factores. Por un lado, el calentamiento global intensifica las sequías al aumentar la evaporación y hacer más extremos los períodos secos.
Por otro, las transformaciones en el uso del suelo —deforestación, expansión de la frontera agrícola, urbanización sobre áreas inundables— y las obras sobre el propio cauce, como dragados y rectificaciones, alteran el régimen natural del río y la capacidad de los humedales para almacenar y regular el agua.
El resultado es una “nueva normalidad hidrológica”: mayor variabilidad, sequías más prolongadas y eventos extremos que desafían los supuestos con los que se planificaron la navegación, la infraestructura portuaria, la generación de energía y la protección de los ecosistemas.
Leer la “música de fondo” del río: el aporte del conversatorio
En este contexto se inscribe el ciclo de conversatorios “Río Paraná: de la crisis hídrica a la gestión sostenible”, impulsado por la Comisión Mixta del Río Paraná (COMIP) junto al Consejo Profesional de Ingenieros de Misiones (CPIM), el Instituto de Desarrollo Regional (IDR) y el Instituto de Ictiología del Nordeste (INICNE).
La primera jornada, titulada “Señal, no ruido: una exploración de ciclos hidrológicos seculares en los grandes ríos del Plata”, se propone mirar más allá de la coyuntura para identificar patrones de largo plazo en los caudales de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. A partir de series históricas que llegan hasta fines del siglo XIX, el Ing.

Luis Marcelo Cardinali presentará un ensayo sobre cómo, detrás de la variabilidad anual —el “ruido”—, pueden reconocerse estructuras oscilatorias de baja frecuencia, una suerte de “música de fondo” de la hidrología regional.Cardinali, ingeniero civil con extensa trayectoria en ingeniería hidráulica, hidrología y energía, se desempeña desde 1987 en la Entidad Binacional Yacyretá y ha participado en múltiples grupos técnicos regionales sobre modelación hidrosedimentológica y optimización de embalses.
La moderación estará a cargo de la Dra. Melina Devercelli, doctora en Ciencias Biológicas, investigadora del CONICET y Directora del Instituto Nacional de Limnología (INALI). Devercelli lideró proyectos estratégicos sobre el socioecosistema fluvial Paraná–Paraguay y sobre el microbioma del río, articulando equipos de investigación de más de veinte instituciones nacionales y de la región.Hacia estrategias de inversión y gestión en clave de cuenca.
El conversatorio se realizará el miércoles 20 de noviembre de 2025, de 17:00 a 18:30 h, en modalidad virtual a través de la plataforma Infraestructura + Desarrollo (I+D) del IDR. La actividad está dirigida a organismos públicos, universidades, centros de investigación y empresas vinculadas a la navegación, la energía, la logística y la producción agroindustrial, es decir, a los actores que deberán tomar decisiones de inversión y gestión en un escenario de mayor incertidumbre hídrica.
En un momento en que la crisis del Paraná obliga a revisar modelos productivos, reglas de uso del agua y criterios de protección de los humedales, instancias como este ciclo buscan precisamente eso: transformar la evidencia científica en insumo para una gobernanza más coordinada y sostenible de la cuenca.






