OpenAI y la desarrolladora Sur Energy proyectan en Neuquén el mayor centro de datos de inteligencia artificial de América Latina, con una inversión que podría llegar a USD 25.000 millones.
GlobalPorts | Logística y Comercio Exterior
A pocos kilómetros de ese epicentro de cómputo, el sector que mueve la carga real de la economía argentina recién comienza a usar inteligencia artificial: según el Índice de Digitalización del Transporte (IDT) 2026, solo el 4,2% de las empresas de transporte de cargas la tiene integrada a su operación diaria.
Un proyecto de escala continental, todavía en etapa de promesa
Stargate Argentina nació en octubre de 2025, cuando OpenAI y Sur Energy firmaron una carta de intención para desarrollar un centro de datos de hasta 500 megavatios en el departamento de Confluencia, Neuquén, sobre la línea de localidades cercana al río Limay.
Sur Energy, fundada por Emiliano Kargieman, asumiría el desarrollo de la infraestructura energética, mientras OpenAI operaría como comprador de la totalidad de la capacidad de cómputo, sin poner el capital de manera directa.
El esquema de generación ya tiene nombres propios: Central Puerto, operadora de la represa Piedra del Águila, y Genneia, mayor generadora renovable del país, firmaron memorandos de entendimiento para abastecer el proyecto. La cifra de inversión —entre USD 20.000 y 25.000 millones según las distintas versiones difundidas— ubicaría a Stargate Argentina como la mayor inversión privada de la historia tecnológica nacional y el primer nodo de la red global Stargate en la región.
La primera fase, estimada entre USD 7.000 y 10.000 millones, debería estar operativa hacia 2027, aunque el cronograma no tiene aún confirmación oficial.
Ocho meses después del anuncio, sin embargo, el proyecto sigue siendo una carta de intención. El propio Ministerio de Economía reconoció que no existe ninguna resolución formal vinculada a la inversión, y la ubicación definitiva continúa en evaluación entre Confluencia y otras locaciones patagónicas.
El otro proyecto que mira al mismo gas
A la espera de Stargate se suma una segunda negociación, esta con Tesla, que evalúa junto a YPF Luz la construcción de otro data center en Neuquén, alimentado con gas de Vaca Muerta. Una delegación de la automotriz llegará al país en julio para avanzar en conversaciones que, como ya reportó GlobalPorts, todavía no tienen acuerdo firmado.
El esquema previsto repartiría responsabilidades: Tesla aportaría la infraestructura de cómputo, YPF Luz el suministro energético.
Ambos proyectos compiten, al menos en el plano simbólico, por el mismo recurso que sostiene la estrategia exportadora de GNL de YPF con sus socios internacionales. La discusión de fondo —cuánto gas de una cuenca que opera al límite de su capacidad de evacuación se destinará a cómputo de inteligencia artificial en lugar de exportación— sigue sin resolverse, y probablemente sea la verdadera medida del avance real de estos anuncios.
La brecha que el propio sector ya diagnosticó
Mientras la escala de estos proyectos ocupa la primera plana, la adopción de inteligencia artificial en la cadena logística doméstica avanza con otro ritmo. El IDT 2026, elaborado por Avancargo sobre 378 respuestas de empresas del sector, midió por primera vez las dimensiones de inteligencia artificial y conectividad entre sistemas, y el resultado fue contundente: el 56,6% de las empresas de transporte no utiliza inteligencia artificial de ninguna forma, y solo el 4,2% la tiene integrada a su operación diaria.
El diagnóstico no es aislado. El 86,5% de las empresas todavía coordina la asignación de viajes por teléfono, planilla o WhatsApp, y apenas el 13,5% usa un sistema de gestión de transporte (TMS) especializado.
Diego Bertezzolo, CEO de Avancargo, resumió el problema de fondo: la inteligencia artificial en logística no arranca con algoritmos, sino con datos, y la mayoría del sector todavía no captura sus operaciones de forma digital.
El mismo patrón se repite en otros eslabones de la cadena de comercio exterior. La adopción real del conocimiento de embarque electrónico (eBL) se ubica en el 11% a nivel global, lejos de la meta del 100% que la Digital Container Shipping Association (DCSA) fijó para 2030, según reportó GlobalPorts esta semana. La Dirección General de Aduanas, por su parte, recién avanza con pruebas piloto de cruce digital de información y prevé una turnera online que todavía no existe.
Cómputo de frontera junto a una cadena que recién empieza
La yuxtaposición resulta elocuente. A pocos kilómetros de donde se discute la mayor inversión en infraestructura de inteligencia artificial de la región, el transporte de cargas argentino identifica los viajes vacíos y los costos como sus principales problemas operativos, pero carece todavía de los datos digitalizados que permitirían que un algoritmo los resuelva.
El propio IDT 2026 señala la paradoja inversa a la de Stargate: el análisis de costos por viaje es el proceso que más ahorro generaría si se automatizara, según el 22,2% de las empresas, pero es uno de los que menos adopción de inteligencia artificial registra.
Stargate Argentina y el proyecto de Tesla, de concretarse, exportarán capacidad de cómputo a clientes globales. OpenAI será el comprador de la totalidad de la capacidad del centro de datos neuquino; no hay, por ahora, ningún mecanismo público que vincule esa infraestructura con las necesidades de digitalización del sector productivo local. Es el mismo patrón que GlobalPorts ya identificó con el gas de Vaca Muerta: un recurso estratégico que se desarrolla en territorio argentino, pero que mira hacia afuera.
Lo que todavía queda por definir
Ninguno de los marcos regulatorios vigentes —ni el RIGI, ni el Súper RIGI en discusión en el Congreso— exige condiciones de transferencia tecnológica, capacitación o derrame de cómputo hacia sectores productivos locales como condición para acceder a los beneficios fiscales.
La pregunta que late detrás de Stargate, entonces, no es solo si la Argentina logrará atraer la inversión, sino si existe alguna política capaz de tender un puente entre la infraestructura de inteligencia artificial que se construye en el país y la transformación digital que el propio transporte de cargas argentino, según sus propios datos, todavía tiene pendiente.








