El Gran Rosario ya superó los 850.000 camiones acumulados en 2026 y bate récords de despacho. La paradoja es inquietante: la cosecha de soja —el principal grano del complejo— lleva apenas el 41% de avance. Lo que viene puede ser la prueba de estrés más exigente de la historia logística argentina.
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El Gran Rosario está batiendo récords históricos de ingreso de camiones y despacho de granos en la primera quincena de mayo de 2026. Pero hay un dato que pocos miran de frente. La cosecha de soja —el grano que mueve el complejo exportador argentino— lleva apenas el 41% de avance nacional.
El sistema portuario ya opera al límite de su capacidad logística con la mitad del grano todavía en el campo. La pregunta que el sector debería estar haciéndose es concreta: ¿puede el Gran Rosario absorber la segunda ola?
Un récord construido sin la soja
La Bolsa de Comercio de Rosario confirmó que en la primera semana de mayo ingresaron más de 73.000 camiones a los puertos y plantas industriales del Gran Rosario, récord semanal para esa época del año.
El acumulado anual ya superó los 850.000 vehículos, 185.000 unidades más que en el mismo período de 2025. Las rutas santafesinas registraron entre 10.000 y 12.000 camiones diarios, con picos de hasta 14.000 unidades según datos del programa Stop 5.0 del gobierno provincial.
Lo llamativo es que ese flujo extraordinario se explica casi en su totalidad por el maíz, el trigo y el girasol. La soja —que históricamente representa la mayor parte del movimiento del complejo— todavía no generalizó su cosecha.
Las lluvias persistentes impidieron el avance normal de las labores. Las existencias de soja al primero de mayo totalizaron apenas 11,8 Mt en plantas de acopio, industriales y de exportación.
El año pasado, en el mismo período, ese número era de 15 Mt. En la campaña comparable 2019/20 superaba las 21 Mt. El sistema portuario opera a plena presión con un déficit estructural de soja que, inevitablemente, se corregirá en las próximas semanas.

Qué implica la segunda ola
Cuando la cosecha de soja se generalice —algo que las condiciones climáticas están retrasando pero no pueden postergar indefinidamente— el flujo de camiones hacia el Gran Rosario se intensificará de manera significativa. La producción total de soja de la campaña 2025/26 se proyecta como una de las más altas de los últimos años.
El ritmo de despacho actual ya supera cualquier registro histórico para esta época. La convergencia de maíz rezagado, soja en cosecha y subproductos podría generar una presión simultánea sin antecedentes sobre la infraestructura del corredor.
El Stop 5.0 demostró ser eficaz para dosificar el flujo mediante turnos y horarios de descarga. Fue diseñado para gestionar la demanda existente, no para absorber una demanda sustancialmente mayor.
El récord absoluto de una sola jornada —8.160 camiones el 1° de abril de 2013— ya fue superado durante esta campaña. La pregunta es cuánto margen real queda antes de que el sistema colapse operativamente.
La capacidad de acopio, el eslabón más débil
El cuello de botella no está necesariamente en los muelles ni en las terminales de descarga. El eslabón más vulnerable en un escenario de segunda ola masiva es la capacidad de acopio intermedio. Con existencias de soja un 42% por debajo del ciclo comparable de 2019/20, las plantas de acopio ingresaron a la cosecha con holgura relativa. Pero esa holgura puede agotarse rápidamente si el volumen cosechado acelera mientras los despachos marítimos no logran mantener el ritmo.
La semana del 5 al 11 de mayo, el sistema portuario argentino despachó 1.443.880 toneladas entre todos los granos y subproductos, según datos de NABSA. San Lorenzo lideró con 804.490 toneladas —el 55,7% del total—, seguido por Rosario con 397.376 toneladas y Bahía Blanca con 186.361 toneladas. Son cifras que reflejan una operación portuaria funcionando cerca de su techo. Incorporar un volumen adicional y sostenido de soja sobre esa base exigirá coordinación logística de primer nivel.
La hidrovía, variable crítica
Hay otra variable que el sector no puede ignorar: la hidrovía Paraná-Paraguay. El corredor fluvial es la arteria por la que transita prácticamente toda la producción del Up River hacia los mercados internacionales.
Cualquier restricción en los calados disponibles puede convertir un récord de cosecha en un cuello de botella de proporciones. En años recientes, ese fenómeno generó pérdidas millonarias al complejo exportador.
La segunda ola llegará con China volcada al mercado sudamericano ante la caída de compras desde Estados Unidos. El aceite de soja cotiza un 40% por encima de los niveles previos al conflicto en Medio Oriente. El costo de no poder despachar en tiempo y forma será, en ese escenario, extraordinariamente alto.
Un sistema que se autoexige al máximo
El Gran Rosario tiene sobradas razones para celebrar los registros de esta campaña. La diversificación de destinos del maíz —Vietnam, Egipto y Argelia lideraron el primer bimestre— confirma la madurez operativa del complejo. El ritmo récord de exportaciones y la tracción de COFCO, Cargill y Viterra completan el cuadro.
Pero la historia no termina en mayo. La segunda ola de soja está en camino, y su magnitud dependerá tanto de las condiciones climáticas como de la velocidad con que los productores decidan volcar al mercado una producción que hoy comercializan al ritmo más lento de los últimos años: apenas el 28% comprometido, nueve puntos por debajo de la media histórica.
Cuando esa retención se libere —impulsada por necesidades financieras, por mejoras de precio o por el simple avance de la cosecha— el sistema portuario argentino enfrentará su prueba de estrés más exigente. La capacidad de respuesta del Gran Rosario en las próximas semanas dirá mucho sobre los límites reales de la infraestructura logística del principal corredor granario del mundo.






