El ‘Adora Flora City’, el segundo megacrucero de lujo íntegramente chino, estará listo para finales de año tras nueve meses de ensamblaje, lo que evidencia la rápida curva de aprendizaje del gigante asiático.
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Europa ha sido la indiscutible referencia mundial en la construcción de cruceros de lujo, con astilleros líderes en Italia, Alemania, Francia y Finlandia. Sin embargo, ese liderazgo comienza a tambalearse. China, ya una potencia en la fabricación de cargueros y portacontenedores, está quemando etapas a velocidad récord en el sector de los cruceros, un segmento que se le resistía hasta hace apenas tres años.
El último hito de esta ambiciosa estrategia es el Adora Flora City (en chino, Aida Huacheng), un impresionante megacrucero que ya ha salido del dique seco en Shanghái. Con 341 metros de eslora y 37,2 metros de manga, la nueva joya naval tiene capacidad para 5.232 pasajeros distribuidos en 2.144 cabinas. Su diseño, inspirado en la Ruta de la Seda y la cultura Lingnan, rinde homenaje a Guangzhou —ciudad conocida como la «Ciudad de las Flores»— con motivos florales integrados en toda la embarcación.
Construido por Shanghai Waigaoqiao Shipbuilding Co., el buque tiene como puerto base Guangzhou Nansha y ya ha abierto la reserva de tickets para sus primeros viajes a finales de año. Su ensamblaje ha sido especialmente significativo: se completó en solo nueve meses, un tiempo récord que contrasta con los once meses que necesitó su predecesor, el Adora Magic City, el primer gran crucero fabricado íntegramente en China.
Una curva de aprendizaje acelerada
Más allá de las cifras, la relevancia del proyecto radica en su significado geopolítico e industrial. Construir un crucero es uno de los desafíos más complejos en ingeniería naval, un campo donde la veteranía europea ha sido históricamente insuperable. Con el Adora Flora City, Pekín ha demostrado no solo su poderío técnico, sino una capacidad de aprendizaje vertiginosa.
Mientras que para el Adora Magic City el astillero italiano Fincantieri proporcionó un apoyo técnico intensivo, en esta segunda entrega la ingeniería china ha asumido casi por completo el control. Aunque Fincantieri y la sociedad de clasificación RINA siguen vinculados mediante licencias y la plataforma de diseño, ya no supervisan la construcción.
El contexto explica esta evolución. Adora Cruises nació en 2015 como una joint venture entre la estatal China State Shipbuilding Corporation (CSSC) y Carnival Corporation, el mayor operador de cruceros del mundo. Sin embargo, la pandemia enfrió la relación y Carnival acabó retirándose por completo. A principios de este año, Adora se integró con otros operadores estatales bajo la marca China Cruises, consolidándose así como un proyecto íntegramente chino.
Un competidor imparable
La estrategia china ha convertido la ayuda occidental en un arma de doble filo. Al colaborar inicialmente con empresas europeas y estadounidenses, Pekín ha absorbido conocimiento técnico clave para acelerar su autonomía. El siguiente paso ya está en marcha: China Tourism Group y CSSC han firmado un memorando de entendimiento para la construcción de un tercer crucero, con el objetivo de entregar el primer barco 100% independiente en 2030 y sentar las bases para una producción en masa.
Con esta hoja de ruta, China no solo aspira a satisfacer su propio mercado, el de mayor crecimiento potencial para la industria de cruceros, sino a disputar el liderazgo global a los tradicionales astilleros europeos. La pregunta ya no es si China podrá construir cruceros de clase mundial, sino cuánto tardará en dominar por completo el sector.






