Por Horacio Luis Tettamanti (*)
Columna de opinión para GlobalPorts

La discusión sobre el futuro del río Paraná ha sido deliberadamente reducida a una cuestión técnica. Se habla de profundidades, de pies de calado, de contratos de dragado y de pliegos licitatorios. Pero esa reducción no es inocente. Es, en realidad, el mecanismo mediante el cual se oculta lo esencial.

El problema del Paraná no es el dragado. El problema es el modelo.

Lo que está en juego no es una obra hidráulica. Es la matriz logística de la Argentina. Es la forma en que el país se conecta con el mundo. Es, en definitiva, una decisión geopolítica de largo alcance: si la Argentina será un país integrado, con control sobre sus flujos estratégicos, o si continuará subordinando su sistema de transporte a intereses externos.

Durante más de un siglo, la navegación fluvial argentina se apoyó en un principio simple y eficaz: utilizar los cauces naturales del sistema del Plata. Esos cauces, resultado de procesos morfológicos complejos pero estables, permitían una navegación eficiente con intervenciones relativamente acotadas.

Sin embargo, a partir de la década de 1990, ese paradigma fue abandonado.

En su lugar, se impuso un esquema basado en la artificialización del sistema. Se definieron trazas que no respondían a la lógica natural del río, sino a la necesidad de consolidar un modelo de negocios concentrado. Se forzó al Paraná a comportarse como un canal, cuando en realidad es un sistema deltaico dinámico, vivo, en permanente transformación.

Esa decisión es hoy el origen de una trampa estructural: el dragado infinito.

Cuando se interviene un sistema deltaico con criterios rígidos, se altera el equilibrio entre erosión y sedimentación. Los sedimentos dejan de distribuirse de manera natural y comienzan a acumularse en sectores no previstos. El resultado es conocido: hay que dragar cada vez más, cada vez más profundo, cada vez más caro.

El sistema entra en una espiral de dependencia.

Esto no es una hipótesis. Los trabajos de Deltares lo demuestran: la intervención sostenida sobre sistemas sedimentarios complejos genera desequilibrios acumulativos.

El esquema que hoy se pretende consolidar mediante una nueva licitación profundiza una lógica de fragmentación del sistema logístico argentino. Se separa artificialmente la navegación fluvial de la marítima y se impide la construcción de un esquema integrado.

El caso del Puerto de La Plata es emblemático. Se trata del único puerto fluvial argentino con condiciones para alcanzar profundidades de 14 metros. Sin embargo, el modelo vigente no solo no potencia esa capacidad, sino que la clausura de hecho.

Al consolidar un esquema que deriva flujos hacia Montevideo, se condena a la Argentina a comportarse como un país mediterráneo.

No es un problema técnico. Es una decisión política.

La Argentina no necesita más dragado. Necesita un sistema.

Un sistema integrado que articule la navegación fluvial y marítima, que reduzca costos logísticos y fortalezca la soberanía.

Esto implica volver a los cauces naturales utilizados durante más de cien años.

El Paraná no es un canal. Es una llave estratégica.


(*) Horacio Tettamanti es ingeniero naval y un destacado referente del sector en Argentina. Fundador de SPI Astilleros y ex Subsecretario de Puertos y Vías Navegables de la Nación, cuenta con una trayectoria consolidada en la promoción de la industria naval y la soberanía marítima. Su experiencia técnica y política lo posiciona como una voz autorizada en la gestión estratégica de la navegación fluvial y marítima nacional.



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