Por Horacio Tettamanti (*)
Columna de opinión para GlobalPorts

Un reciente trabajo científico publicado en la revista Geomorphica por los investigadores Kleinhans y Besouw (2026) vuelve a poner en discusión un tema central para los grandes ríos del mundo: el impacto de la extracción de sedimentos, el dragado y las intervenciones humanas sobre la morfología fluvial.

El estudio analiza distintos ríos —entre ellos el Rin y el Mekong— y concluye que la extracción de arena, el dragado y las modificaciones artificiales del cauce están generando procesos de erosión del lecho, alteraciones morfológicas y degradación de ecosistemas fluviales a una escala comparable, e incluso superior, a los procesos naturales que modelan los ríos.

El concepto central del trabajo es muy importante: hoy, en muchos ríos del mundo, ya no se puede estudiar la evolución del cauce sin incorporar la acción humana como una variable fundamental en el balance sedimentario. Es decir, el río ya no evoluciona solo por procesos naturales, sino por la intervención permanente del hombre mediante dragados, canalizaciones y extracción de sedimentos.

Este concepto es absolutamente aplicable al río Paraná y al sistema del Río de la Plata.

Durante las últimas décadas, el sistema de navegación fue transformado mediante dragados permanentes, apertura de canales artificiales y rectificación de trazas naturales. Estas intervenciones no son neutras: modifican la dinámica de sedimentos, alteran las profundidades naturales, cambian las velocidades de flujo y pueden generar procesos de erosión en algunos sectores y sedimentación en otros.

Los estudios internacionales muestran que cuando la extracción de sedimentos o el dragado superan el aporte natural de sedimentos del río, el sistema entra en desequilibrio. El río comienza a erosionar su propio lecho para compensar ese déficit de sedimentos, produciendo profundización artificial, inestabilidad de márgenes, afectación de humedales y cambios en la hidrodinámica general del sistema.

Esto es particularmente relevante en el Paraná, que es un río de llanura, de pendiente muy baja, donde el equilibrio sedimentológico es extremadamente delicado. En este tipo de ríos, pequeñas alteraciones en el balance de sedimentos pueden generar grandes cambios morfológicos en el mediano y largo plazo.

Cuando se profundiza artificialmente un canal, el río tiende naturalmente a rellenarlo con sedimentos. Entonces se vuelve a dragar, y el río vuelve a rellenar. Si este proceso se repite durante décadas, el sistema entra en lo que algunos especialistas denominan el “dragado infinito”: un esquema en el cual el río y el dragado entran en una dinámica permanente de intervención, con costos crecientes y con una alteración progresiva del sistema natural.

La experiencia internacional muestra que muchos países están revisando sus intervenciones en ríos y estuarios y, en algunos casos, incluso están volviendo a utilizar cauces naturales en lugar de profundizar canales artificiales, porque comprendieron que trabajar contra la dinámica natural del río termina siendo más caro, más inestable y ambientalmente más riesgoso.

El problema es que mientras el mundo empieza a corregir ese modelo, Argentina parece avanzar exactamente en sentido contrario. Es decir, corremos el riesgo de cometer hoy los mismos errores que otros países cometieron hace décadas y que ahora intentan corregir con enormes costos económicos y ambientales.

Argentina debería mirar con mucha atención estos estudios. El Paraná no es un canal artificial: es uno de los sistemas deltaicos más grandes del mundo, un sistema vivo, dinámico y sedimentológico. Intervenirlo sin comprender su equilibrio natural puede generar consecuencias económicas, ambientales y logísticas muy difíciles de revertir en el futuro.

La discusión sobre la navegación no puede reducirse a una profundidad de dragado o a una licitación. Lo que está en juego es el equilibrio geomorfológico del principal sistema fluvial de la Argentina.

Porque el verdadero problema no es el dragado.

El verdadero problema es cuando el dragado modifica el río.

Y cuando eso ocurre, el dragado deja de ser mantenimiento y pasa a ser transformación del sistema fluvial.

Y ese es un debate que Argentina todavía no dio.

Sin embargo se avanza en una licitación irresponsable no solo sin ningún estudio ambiental sino algo más grave aún ni siquiera se ha efectuado un análisis técnico e histórico sobre las consecuencias y experiencia del dragado efectuado en estos últimos 30 años 

Esperemos que las instituciones de la República pongan las cosas en su lugar antes que sea demasiado tarde


(*) Horacio Tettamanti es ingeniero naval y un destacado referente del sector en Argentina. Fundador de SPI Astilleros y ex Subsecretario de Puertos y Vías Navegables de la Nación, cuenta con una trayectoria consolidada en la promoción de la industria naval y la soberanía marítima. Su experiencia técnica y política lo posiciona como una voz autorizada en la gestión estratégica de la navegación fluvial y marítima nacional.


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