Por GlobalPorts

El año 2025 marcó un punto de inflexión para el sector energético argentino. Con niveles de producción y exportación sin precedentes, la energía volvió a ocupar un lugar central en la balanza comercial del país, impulsada principalmente por el desarrollo sostenido de Vaca Muerta.

Según datos oficiales de la Secretaría de Energía de la Nación, la producción total de petróleo alcanzó en el último trimestre de 2025 valores récord, superando los 859.000 barriles diarios y consolidando el nivel más alto registrado en casi tres décadas. Este crecimiento estuvo liderado por la producción no convencional, que ya explica cerca de dos tercios del total nacional, con Vaca Muerta como principal núcleo productivo.

El avance productivo no respondió a un fenómeno coyuntural. Durante todo 2025, la extracción de shale oil mantuvo una tendencia ascendente, reflejando una mayor eficiencia operativa, inversiones sostenidas y una expansión progresiva de la infraestructura asociada. En varios meses del año, la producción nacional superó marcas históricas previas, confirmando un cambio estructural en la matriz energética.

Vaca Muerta aportó alrededor del 66–68% del total de crudo producido en el país, consolidándose como el corazón del sistema energético argentino y desplazando definitivamente a los desarrollos convencionales como principal fuente de crecimiento.


Exportaciones energéticas en niveles históricos

El salto productivo tuvo un correlato directo en el comercio exterior. Durante 2025, las exportaciones del sector energético superaron los USD 10.000 millones, impulsadas por mayores ventas de crudo y derivados a mercados internacionales, con Estados Unidos entre los principales destinos.

Este desempeño exportador permitió reducir de manera significativa la necesidad de importaciones energéticas y reforzó el ingreso de divisas en un contexto macroeconómico marcado por la restricción externa. La energía se posicionó así como uno de los principales aportantes netos al superávit comercial argentino.

El resultado más contundente de este proceso fue el saldo positivo de la balanza comercial energética. Según distintas mediciones, el superávit del sector en 2025 se ubicó entre los USD 6.600 y los USD 7.800 millones, el nivel más alto registrado en la historia reciente.

Este superávit no solo revirtió años de déficit estructural, sino que explicó una porción significativa del saldo comercial total del país. En algunos tramos del año, la energía llegó a representar cerca del 70% del superávit externo argentino.


Impacto logístico y desafíos hacia adelante

El crecimiento acelerado de la producción y de las exportaciones energéticas plantea desafíos concretos para la logística y la infraestructura. El aumento de los volúmenes exportables exige mayor capacidad de transporte, servicios portuarios especializados y una coordinación más eficiente entre los centros productivos y los nodos de salida al exterior.

En este contexto, la energía se consolida como un eje estratégico no solo para la política económica, sino también para la planificación logística y portuaria del país.

La sostenibilidad del superávit energético dependerá, en buena medida, de la capacidad de acompañar el crecimiento productivo con inversiones en infraestructura, previsibilidad regulatoria y eficiencia operativa.

Los números de 2025 confirman que Vaca Muerta dejó de ser una promesa para convertirse en un factor estructural de la economía argentina. Producción récord, exportaciones en alza y superávit energético configuran un nuevo escenario, con impacto directo sobre la balanza comercial, el ingreso de divisas y la inserción internacional del país.

De cara a 2026, el desafío será consolidar este cambio de etapa y transformar el impulso energético en una ventaja competitiva sostenida para el comercio exterior argentino.

Video sobre la construcción del oleoducto en Vaca Muerta:

[rev_slider alias="web-product-light-hero-3d1"][/rev_slider]