La Legislatura de Neuquén dio el aval definitivo al acuerdo con YPF para desarrollar los bloques gasíferos que abastecerán el proyecto de GNL Punta Colorada Río Negro, con una producción potencial de hasta 60 millones de metros cúbicos diarios. La cifra equivale a más de la mitad de lo que hoy extrae la formación no convencional de Vaca Muerta, y pone en el centro de la escena un desafío que trasciende lo energético: la infraestructura portuaria y naval necesaria para sostener ese volumen de exportación.

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Un acuerdo con origen en Vaca Muerta y destino en la costa rionegrina

El convenio, ratificado por la Legislatura neuquina con 27 votos a favor y 8 en contra, habilita el desarrollo de áreas no convencionales operadas por YPF junto a sus socias internacionales ENI y XRG. El proyecto, denominado Argentina LNG, contempla una inversión estimada en US$ 25.000 millones y un esquema de estabilidad fiscal por 30 años.

El ministro de Energía provincial, Gustavo Medele, sostuvo en una entrevista con Modo Shale que la iniciativa «va a marcar un antes y un después» para la cuenca, al sumar producción adicional, transporte propio y un régimen de regalías atado a las ventas internacionales de largo plazo.

La planta de licuefacción se emplazará en Punta Colorada, sobre el Golfo San Matías, donde también operarán los buques factoría destinados a la exportación. Esa combinación de gasoducto propio, plantas de tratamiento en territorio neuquino y terminal portuaria en la costa atlántica es la que convierte a este acuerdo energético en una historia de infraestructura logística de escala regional.

El cuello de botella está en la costa, no en el yacimiento

Mientras la discusión pública se concentró en el reparto de regalías, el punto que definirá los tiempos reales del proyecto es la capacidad de la terminal de Punta Colorada para absorber el flujo de buques metaneros que exigirá una producción de esta magnitud.

Medele estimó que los primeros ensayos y la producción inicial a escala reducida podrían visualizarse en un plazo no menor a tres años, condicionado a la aprobación de los esquemas de financiamiento y los marcos regulatorios pendientes. Antes de eso, YPF y sus socias deben firmar la decisión final de inversión y obtener el aval del Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones, con una ventana de 24 meses para presentarla.

Esa secuencia de plazos —decisión de inversión, obras de gasoducto y tratamiento, y finalmente la terminal exportadora— es la que marcará cuándo y en qué condiciones el Golfo San Matías empieza a operar como nuevo polo de exportación de GNL argentino.

Un esquema de regalías atado al mercado internacional

El sistema de regalías aprobado toma como referencia el índice japonés JKM, que mide el precio de importación de GNL en Japón. Si la cotización se ubica por debajo de los US$ 16 por millón de BTU, la regalía será del 7,5%; entre US$ 16 y US$ 20 subirá al 10%, y por encima de ese valor alcanzará el 12%, equiparándose a la que rige para petróleo y otros gases ricos.

El esquema diferencial generó cuestionamientos de la oposición, que objetó los beneficios fiscales otorgados a las empresas y su encuadre dentro del RIGI, mientras que el sindicato petrolero de la región respaldó públicamente el acuerdo como generador de empleo.

Lo que queda por confirmar

El proyecto todavía depende de definiciones clave: la firma de la decisión final de inversión por parte de YPF, ENI y XRG, el aval del RIGI y el desarrollo de la infraestructura de transporte y tratamiento en Neuquén.

Pero el aval legislativo deja planteado un escenario concreto para la Patagonia atlántica: un polo exportador de GNL que, si se concreta en los plazos previstos, transformará a Punta Colorada en una de las terminales más relevantes del comercio exterior energético argentino.

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