La Cámara Minera de Catamarca lo planteó esta semana: la provincia tiene un déficit de entre 30% y 40% de ingenieros, y esa brecha podría ampliarse si los nuevos proyectos de cobre y litio avanzan sin una preparación previa de proveedores y profesionales locales, según señaló su presidente, Abás Tanús Mafud.
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El planteo alcanza tanto al litio que ya opera en la provincia —Fénix y Tres Quebradas, con Sal de Vida y Sal de Oro por arrancar una nueva etapa— como al retorno de los metalíferos, con el cobre como principal apuesta.
Parte de ese crecimiento es el proyecto MARA Catamarca, la sociedad entre Glencore y Pan American Silver que integra el yacimiento de cobre y oro Agua Rica con la infraestructura que dejó Minera Alumbrera cuando paró su producción en 2018.
La lógica del proyecto es no construir de nuevo lo que ya existe: un mineraloducto de 317 kilómetros hasta una planta de filtrado en Tucumán y, desde ahí, un tramo ferroviario de unos 800 kilómetros hasta una terminal propia sobre el Paraná, en San Lorenzo, Santa Fe, con capacidad para operar buques de hasta 60.000 toneladas.
Según el gerente general del proyecto, Nicolás Bareta, y ratificado por la sociedad estatal CAMYEN, desarrollar esa cadena logística desde cero —dos mineraloductos, dos plantas de filtro, dos flotas de camiones— hubiera implicado repetir quince años de planificación.
MARA Catamarca: una infraestructura lista, una fecha que se corre
Esa misma infraestructura lleva ocho años sin mover un barco, y el cronograma para reactivarla se fue corriendo de manera sostenida. En 2021, el estudio de factibilidad de MARA se calculaba cerrado para fin de ese año, con el yacimiento en producción hacia fines de 2026. Pero en 2022, esa hoja de ruta ya hablaba de una etapa de construcción entre 2024 y 2026. En abril de 2025, tras una reunión con el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, la empresa seguía «profundizando» ese mismo estudio de factibilidad y avanzando en el Informe de Impacto Ambiental.
Hoy, a fines de agosto de 2026 —la fecha que en algún momento fue la meta de arranque—, el proyecto sigue sin fecha de inicio de obra confirmada.
Ahí es donde el caso Catamarca se separa del otro gran proyecto cuprífero que compite por infraestructura en la región: Vicuña, en San Juan. Esa provincia todavía está definiendo el corredor logístico para una producción que arrancaría recién en 2031 —evalúa una zona franca minera, la reconstrucción del tramo ferroviario Bardón-Jáchal y sigue sin resolver si exportará por el Pacífico o por los puertos del Gran Rosario.
La logística del proyecto MARA
MARA parte de otro punto: la obra física, en gran parte, ya está construida. Lo que no está resuelto es cuándo se pone en marcha, ni quién la va a operar. Con esa base, la pregunta que deja abierta la Cámara Minera de Catamarca es justamente esa.
Es una posibilidad, no un dato confirmado, que el tramo ferroviario y portuario vuelva a manos de la misma concesionaria que lo operó hasta 2018 con personal y contratos ya rodados; también es una posibilidad que el déficit de proveedores que señala Mafud alcance justamente a esos eslabones —maquinistas, cuadrillas de mantenimiento de vía, operación del muelle— y que terminen cubriéndolos empresas de otras provincias, como ya ocurre con buena parte del transporte especializado que hoy sirve al NOA minero.
Lo que sí es un dato firme es la escala del proyecto: según las proyecciones de la empresa, Agua Rica podría exportar en promedio más de 200.000 toneladas anuales de cobre en concentrado durante sus primeros diez años de operación, un volumen que —si se confirma la reutilización de la traza a Santa Fe y si el proyecto finalmente logra arrancar— volvería a poner a Puerto Alumbrera entre las terminales relevantes del complejo Rosario-San Lorenzo, después de ocho años fuera de operación.







