El Consorcio de Gestión de puerto Quequén reemplazó la baliza que durante años dependió de la estructura de la Central Termoeléctrica, hoy en desmantelamiento, por una torre propia con energía autónoma y alcance de 9 millas náuticas.

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El Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, terminó de montar una nueva torre metálica de 35 metros para la Baliza Posterior del eje de enfilación del canal exterior, la señal que durante décadas guió a los buques en su ingreso y egreso del puerto bonaerense. La antigua antena funcionaba sobre la estructura de la Central Termoeléctrica, que el puerto tiene previsto desmantelar en los próximos meses, y sin un reemplazo a tiempo el canal exterior habría quedado sin una de sus dos balizas de enfilación.

La nueva torre se levantó en terrenos del propio Consorcio, cerca de Diagonal Norte y del predio de la central saliente. Al tratarse de una estructura nueva y no de un aprovechamiento de infraestructura ajena —como ocurría hasta ahora—, Puerto Quequén gana algo que no es menor para un puerto de acceso restringido por barra: control directo sobre el mantenimiento de una señal crítica para la navegación, de día y de noche.

Una baliza también cambió de lugar

Mantener el eje de enfilación no dependía solo de la torre nueva. Para conservar la alineación exacta del canal navegable, el Consorcio también trasladó unos 33 metros la Baliza Anterior, ubicada en la Escollera Sur.

El nuevo posicionamiento surgió de las coordenadas técnicas que fijó el Servicio de Hidrografía Naval junto con el Departamento de Infraestructura e Ingeniería del Consorcio, el mismo organismo que certifica las cartas náuticas que usan los prácticos para operar en el canal.

Ese detalle importa más de lo que parece. Un corrimiento de pocos metros en una baliza de enfilación, si no está calculado con precisión, puede desalinear la referencia visual que un capitán usa para mantener el rumbo en un canal angosto. Acá el movimiento fue quirúrgico: se hizo para no perder alineación, no a pesar de ella.

¿Qué trae la torre nueva?

La estructura no es solo altura. El equipamiento instalado responde a estándares pensados para operar sin intervención humana constante:

  • Acero galvanizado, para resistir la corrosión propia del ambiente marino sin mantenimiento frecuente.
  • Escalera marinera y cinco plataformas, que permiten el acceso seguro del personal técnico en cada tramo de la torre.
  • Dos balizas blancas con linternas de 155 milímetros, visibles hasta 9 millas náuticas de distancia.
  • Paneles solares y banco de baterías, que alimentan el sistema de forma 100% autónoma, sin conexión a la red eléctrica.

Esa autonomía energética es la que blinda la señal frente a lo que más le importa a un canal de acceso: que la baliza no se apague nunca, ni siquiera si falla el suministro eléctrico de la zona.

Desde el Consorcio remarcaron que la inversión apunta a reforzar la seguridad náutica y la previsibilidad de las operaciones comerciales, un objetivo que en Quequén no es un eslogan: la traza de su canal exterior, expuesta a la dinámica de la barra sobre el mar Argentino, exige referencias confiables para sostener el calado operativo que necesitan los buques graneleros que mueven la carga agroexportadora de la zona núcleo sur bonaerense.

Con la torre operativa y la baliza reubicada, Puerto Quequén cierra un capítulo que empezó como una urgencia —el desmantelamiento de la central que alojaba la señal original— y termina como una mejora de fondo: una señalización marítima propia, más resistente y menos dependiente de infraestructura ajena.

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