Las autoridades estadounidenses activaron un estricto operativo de emergencia, ampliaron las zonas de seguridad y reforzaron los protocolos de inspección para garantizar la navegación en el puerto. La Guardia Costera mantiene bajo investigación el origen del estallido.
Redacción GlobalPorts
El puerto de Baltimore volvió a encender sus alarmas el pasado 18 de agosto, cuando una explosión seguida de un incendio en el buque carguero W-Sapphire obligó a desplegar un amplio operativo de emergencia en el río Patapsco, a escasos metros del lugar donde en 2024 colapsó el puente Francis Scott Key.
La Guardia Costera de Estados Unidos lidera la investigación para determinar la causa del estallido, que se produjo en la zona de proa mientras la nave, de bandera liberiana y 751 pies de eslora, transportaba carbón hacia África Oriental. Hasta ahora no se ha revelado un origen confirmado, pero el buque permanece anclado cerca de Annapolis, en la Bahía de Chesapeake, bajo exhaustivas inspecciones.
El fuego fue rápidamente controlado y, aunque la llamarada inicial generó gran alarma entre testigos y autoridades, no se registraron heridos entre los 23 tripulantes ni los dos pilotos que iban a bordo. Como medida preventiva, se estableció una zona de seguridad de 2.000 yardas, luego reducida a 500, y se dispusieron restricciones de calado para las embarcaciones en tránsito. Asimismo, equipos especializados con sonar rastrearon el fondo del río para descartar obstáculos y confirmar la navegabilidad del canal. Tras estas verificaciones, el canal Fort McHenry fue reabierto al tráfico marítimo días después.
Un accidente que revive fantasmas recientes
El nuevo incidente ocurre en un área todavía marcada por la tragedia del 26 de marzo de 2024, cuando el portacontenedores MV Dali perdió propulsión y embistió al puente Francis Scott Key, provocando su colapso total. Aquel accidente dejó seis trabajadores fallecidos, bloqueó el acceso marítimo y paralizó durante semanas al principal puerto de Maryland.
Esa catástrofe puso bajo la lupa la seguridad de la infraestructura y la regulación del tráfico marítimo. El recuerdo sigue presente y explica la rápida y contundente reacción desplegada ahora ante la explosión del W-Sapphire, con énfasis en zonas de exclusión, inspecciones tecnológicas y controles más estrictos.
Protocolos de seguridad bajo revisión
Los dos episodios ocurridos en Baltimore en apenas diecisiete meses han reavivado el debate sobre los protocolos de seguridad marítima. Actualmente, los buques que navegan en aguas internacionales y en puertos estadounidenses están sujetos a un entramado de normativas que incluye:
- La Convención SOLAS, que establece reglas sobre construcción, prevención y respuesta ante incendios.
- El Código ISM, que obliga a las navieras a contar con sistemas internos de gestión de la seguridad.
- El IMSBC Code, que regula el transporte de cargas sólidas a granel, como el carbón, para evitar riesgos de combustión o explosión.
- Y, en el plano portuario, el ISPS Code y la legislación estadounidense (MTSA), que refuerzan la seguridad en instalaciones y accesos.
En paralelo, la Guardia Costera ha endurecido los procedimientos de respuesta: zonas de seguridad ampliadas, monitoreo con sonar y limitaciones operativas temporales se suman ahora como parte del protocolo habitual tras emergencias de este tipo.
Un puerto en permanente vigilancia
El puerto de Baltimore, vital para el comercio del Atlántico, vive bajo la sombra de dos episodios graves en menos de dos años. La conjunción de investigación, protocolos internacionales y coordinación de agencias busca evitar que lo ocurrido se repita. Pero la sucesión de hechos recuerda que la seguridad marítima no es un asunto cerrado, sino un desafío permanente que exige revisión, inversión y cooperación internacional.






