El superávit de la balanza energética argentina alcanzó los US$ 6.987 millones en el primer semestre de 2026, el mayor registro histórico para ese período. El dato, difundido por la Bolsa de Comercio de Rosario, marca un crecimiento del 87% interanual y confirma a Vaca Muerta como motor casi excluyente de esa mejora. El oleoducto VMOS, que entrará en operación en noviembre, será la pieza que determine si ese ritmo exportador puede sostenerse hasta los US$ 18.500 millones proyectados para 2027.
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Producción física, no precio, explica el salto
El informe de la BCR atribuye el 79% del crecimiento exportador a mayores volúmenes físicos enviados al exterior. Solo el 21% restante responde al alza de precios internacionales derivada de la tensión entre Estados Unidos e Irán y el cierre temporal del Estrecho de Ormuz.
La cuenca neuquina ya explica más del 68% del petróleo y el 67% del gas producidos en el país. Las ventas externas de combustibles y energía treparon 52% interanual, hasta superar los US$ 8.118 millones.
Ese dato reordena la lectura del récord: el techo exportador argentino ya no depende de la geología ni del humor de los mercados internacionales, sino de la capacidad de evacuación disponible entre los yacimientos y la costa. Ahí es donde entra en juego la infraestructura que se termina de habilitar en Río Negro.
El oleoducto VMOS y la rampa de capacidad para las exportaciones de Vaca Muerta
El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) conectará Allen con una terminal de exportación en Punta Colorada, sobre la costa atlántica rionegrina, a lo largo de casi 600 kilómetros. Aprobado en marzo de 2025 bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el proyecto habilitará una evacuación adicional inicial de 190.000 barriles diarios desde su puesta en marcha en noviembre.
La capacidad no llega de una vez: escala en etapas a medida que crece la producción de la cuenca.

Esta progresión es la que sostiene la proyección oficial de que las exportaciones energéticas argentinas podrían superar los US$ 18.500 millones el año próximo, sobre la base de la plena operatividad del ducto.
También es, en sentido estricto, la variable de mayor riesgo del pronóstico: cada etapa de la rampa depende de que la producción neuquina crezca al ritmo necesario para llenarla.
Un puerto atlántico como nuevo eje exportador
Punta Colorada pasa así de ser un punto en el mapa a convertirse en la terminal de exportación de mayor escala proyectada para la costa rionegrina, con capacidad final muy por encima de la que hoy manejan los puertos patagónicos tradicionales vinculados al sector.
Para 2026, además, se proyecta un crecimiento del 16% en la extracción total de petróleo del país, lo que permitiría romper el máximo productivo histórico alcanzado en 1998.
La combinación de mayor producción en boca de pozo y mayor capacidad de evacuación en destino explica el nuevo récord anual proyectado. El sector estima que el superávit podría superar los US$ 12.000 millones al cierre de 2026.
Las importaciones de combustibles y lubricantes, mientras tanto, cayeron 29% en dólares y se ubican en niveles mínimos desde 2007, lo que refuerza el peso relativo de la energía en el total exportador: ya representa más del 15% de las ventas externas argentinas, la participación más alta en dos décadas.
Con Punta Colorada como próxima gran terminal atlántica, la pregunta que queda abierta para el sector es si la infraestructura portuaria y logística de la Patagonia podrá absorber, al ritmo que exige la curva de producción de Vaca Muerta, el volumen que el propio yacimiento promete generar.






