Detrás del 70% de avance que YPF confirmó a fines de julio para el Oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), opera un entramado de más de una decena de empresas, buques especializados y cerca de 5.600 trabajadores que rara vez ocupa los titulares. Son las empresas y equipos técnicos del VMOS los que definirán si el proyecto llega a su primer embarque hacia fines de 2026.

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La obra en tierra: una UTE y una cadena de subcontratistas

El oleoducto de 437 kilómetros que une Allen con la costa rionegrina quedó soldado en su totalidad desde noviembre pasado, cuando la Unión Transitoria de Empresas (UTE) conformada por Techint y SACDE cerró el último tramo automático en el ingreso a la Terminal Portuaria de Punta Colorada.

Más recientemente, la misma UTE terminó también la soldadura automática del ducto costero de 38 pulgadas, un tramo distinto del troncal y clave para conectar la terminal con la infraestructura offshore. Esa UTE es la cara visible del proyecto, pero la ejecución involucra un ecosistema mucho más amplio de proveedores especializados.

En la Estación Cabecera Allen, la empresa argentina Tecnagent diseñó y fabricó bajo norma API 650 el techo geodésico de aluminio de los tanques de almacenamiento, una pieza que montó AESA A-Evangelista, la filial de servicios de YPF, con más de 75 especialistas en la maniobra. La impermeabilización interior de esos mismos tanques quedó a cargo de la firma Coripa. En Punta Colorada, la constructora Milicic fue distinguida en dos meses consecutivos como mejor contratista en seguridad, salud y medio ambiente dentro del proyecto de la terminal de carga, un indicador del peso que el consorcio le da a la gestión de riesgos en una obra con miles de personas trabajando en simultáneo.

El frente marítimo: buques noruegos y anclas de 43 toneladas

La instalación de las dos monoboyas tipo CALM (Catenary Anchor Leg Mooring) frente a Punta Colorada, en el Golfo San Matías, es el tramo que más se aleja de la lógica de una obra de tierra. La caracterización del fondo marino estuvo a cargo del buque geotécnico Fugro Resilience, mientras una unidad del Servicio de Hidrografía Naval realizó los relevamientos batimétricos previos al tendido de cañerías.

La instalación offshore quedó en manos de la noruega DOF Group, que desplegó buques como el Skandi Hera, un AHTS (Anchor Handling Tug Supply) de casi 94 metros de eslora. Antes de llegar a Río Negro, el equipamiento —anclas de 43 toneladas y cadenas de 400 metros— hizo escala en Puerto Quequén, donde los equipos de ALN coordinaron la manipulación en tierra.

El Puerto Dock Sud también fue punto de ingreso de equipo para el proyecto: desde su muelle público se embarcaron más de 10.100 toneladas de tubería de acero provista por SIAT/Tenaris, con destino a la infraestructura submarina de Punta Colorada. Unos 200 kilómetros al norte de Punta Colorada, el Puerto San Antonio Este, operado por Patagonia Norte, funciona como plataforma logística central de toda la etapa marítima del proyecto.

Allí, la empresa Concret-Nor ensambló la Combifloat C7, una plataforma autoelevable neerlandesa de 30,5 metros de eslora capaz de soportar hasta 400 toneladas de carga sobre cubierta, que dará soporte al tendido del ducto submarino que conecta la traza terrestre con las monoboyas.

A esa flota se sumó en las últimas semanas un nuevo grupo de embarcaciones que se alista en Bahía Blanca para la etapa final de la instalación offshore: el buque de tendido de tuberías Seminole, el transporte pesado White Merlin y los remolcadores EDT Aeolus y Spring 360. Ese despliegue coincide con la confirmación oficial de que la obra superó el 70% de avance general.

Quién pondrá en marcha la operación

Más allá de quién construye, el proyecto ya está armando el equipo que lo va a operar. VMOS S.A., la sociedad que integran YPF junto a Vista Energy, Pan American Energy, Pampa Energía, Chevron, Pluspetrol, Shell, Tecpetrol y Gas y Petróleo del Neuquén, está conducida por Gustavo Chaab como CEO, quien sostiene que el cronograma se va a cumplir e incluso podría adelantarse. Ante la Comisión de Energía y Combustibles de la Cámara de Diputados, Maia Goldin, gerenta de Estrategia de YPF, confirmó que la primera carga de crudo —180.000 barriles diarios— está prevista para fines de este año o comienzos de 2027, con un salto a 550.000 barriles diarios hacia el tercer trimestre de 2027 y una capacidad de hasta 700.000 barriles diarios proyectada a partir de 2028.

Las búsquedas activas dan una pista de la estructura operativa que se está armando: un Líder de Despacho Central para coordinar la operación de ductos y terminales, y un Ingeniero de Programación para la planificación diaria del transporte de crudo, ambos con sede en Buenos Aires. En paralelo, contratistas como Técnicas Reunidas Group buscan especialistas en control documental para trabajar en Punta Colorada bajo el esquema de roster 20×10, típico de las operaciones remotas en la costa atlántica rionegrina.

El capital humano detrás de la obra

Según datos de la Secretaría de Trabajo de Río Negro, la obra movilizaba a mediados de año cerca de 5.600 operarios en territorio provincial, con más de 300 mujeres incorporadas a tareas de soldadura, albañilería y apuntado. El impacto laboral acumulado, entre empleo directo e indirecto, ronda los 10.000 puestos. En los nodos del trazado, desde Allen hasta Punta Colorada, la contratación local llega a picos del 87%.

A ese esfuerzo se suma un componente de formación: la Fundación YPF lanzó un plan con 2.000 cupos gratuitos de cursos técnicos orientados a la industria energética, mientras la línea de base ambiental del proyecto quedó a cargo de la Universidad Nacional del Comahue.

El financiamiento de la obra se apoya en un préstamo sindicado internacional por US$ 2.000 millones, uno de los mayores para un proyecto de infraestructura en el país. Fernando Hösel, CEO de Oldelval, advirtió en la última AOG Expo que si la producción de Vaca Muerta creciera más rápido de lo previsto, su empresa debería encarar obras puente para sostener la evacuación de crudo hasta que el VMOS entre en operación plena. Esa tensión entre el ritmo de la producción y el de la infraestructura que la exporta es, en definitiva, el verdadero cronómetro del proyecto.

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