El Combifloat C7, que Concret-Nor ensambló en San Antonio Este, ya trabaja en el VMOS; ahora las monoboyas pasan por el mismo puerto. Las monoboyas llegaron esta semana, pero son la última pieza de una secuencia que empezó meses atrás en el mismo muelle. De allí salieron los tubos, los módulos del obrador y una plataforma autoelevable armada en el puerto.

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Antes de anclarse a siete kilómetros de Punta Colorada, las dos monoboyas del VMOS tenían que pasar por un solo lugar: el Puerto de San Antonio Este. Llegaron este lunes desde Emiratos Árabes Unidos, con unas tres semanas de ventaja sobre el cronograma, y hacen escala en la terminal que opera Patagonia Norte para descargar pequeñas cargas y alistarse antes del anclaje. Casi todo lo que hoy se ve en el mar frente a Punta Colorada pasó antes por ese mismo muelle.

¿Qué pasó por San Antonio Este?

La terminal ya funciona como puerta de entrada de la obra, con cargas muy distintas entre sí:

  • Los tubos del ducto marino. Son 721 caños de acero, de SIAT/Tenaris y con revestimiento de Socotherm, acopiados en un predio de 10 hectáreas del puerto hasta su traslado a Punta Colorada.
  • El obrador. En diciembre de 2025 llegó el CS Fortune, un buque de 182,9 metros de eslora, con 130 módulos habitacionales y 140 contenedores de 40 pies.
  • Los caños del GNL. Días antes de esa descarga habían entrado 10.000 toneladas de acero para el gasoducto del proyecto de Southern Energy.
  • Las monoboyas. Son dos estructuras de 272 toneladas y 15,3 metros de diámetro cada una, que pasan por el puerto antes del tramo final por mar.
  • Una plataforma autoelevable. Combifloat C7, que Concret-Nor ensambló en el muelle y hoy trabaja en el agua, como se cuenta a continuación.

Un Combifloat armado en el muelle

La plataforma Combifloat C7 nació en San Antonio Este. La ingeniería civil Concret-Nor la ensambló en el puerto y la aportó al proyecto; después fue trasladada a Punta Colorada y emplazada el 12 de agosto en el sector donde trabaja.

Mide 30,5 metros de largo por 18,3 de ancho y ofrece unos 520 metros cuadrados libres de trabajo. Es autoelevable: se alza por encima del nivel del agua y deja una superficie estable para tareas de precisión en el mar, con un rango operativo cercano a los 26 metros de profundidad, según las condiciones del fondo y del oleaje.

Su tarea es concreta: servir de soporte para fabricar y montar en el mar el tramo del ducto que une la traza terrestre del VMOS con el sistema de monoboyas.

Del puerto al mar

El recorrido de cada pieza sigue el mismo orden. Primero llega al puerto, se descarga, se acopia o se ensambla, y recién después se traslada a Punta Colorada, donde queda fijada al fondo o integrada al ducto. Los trabajos offshore dependen de ese paso previo en tierra.

Desde el Gobierno de Río Negro ya describieron a la terminal como un eje logístico para movilizar equipamiento, cañerías, estructuras y módulos habitacionales, tanto del oleoducto como de los proyectos de GNL que avanzan sobre la costa provincial. El gobernador Alberto Weretilneck lo resumió al ver llegar las boyas: «La transformación energética ya está frente a nuestros ojos».

Lo que falta

Las cadenas y anclas que fijarán las boyas ya descansan en el fondo del Golfo San Matías. La noruega DOF Group, adjudicataria de un contrato estimado entre 25 y 50 millones de dólares, tendrá a cargo la instalación y el precomisionamiento de las dos unidades. En paralelo, el buque Seminole avanza con la soldadura y el tendido de la cañería submarina que cerrará los 437 kilómetros de traza desde Vaca Muerta.

Cuando ese circuito esté completo, los VLCC, los petroleros más grandes del mundo, podrán cargar crudo en altamar sin muelle fijo. Y el punto de partida de todo ese tramo marítimo seguirá siendo el mismo: un muelle de San Antonio Este.

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